El PNV decidió el 'sí' tras asumir que Rajoy ya no aseguraba la estabilidad

Los dirigentes del PNV, con el presidente Andoni Ortuzar (a la derecha), salen ayer de la sede del partido en Vitoria. :: Blanca Saenz de Castillo/
Los dirigentes del PNV, con el presidente Andoni Ortuzar (a la derecha), salen ayer de la sede del partido en Vitoria. :: Blanca Saenz de Castillo

Ortuzar logró garantías de Sánchez de no convocar elecciones a corto plazo, respetar los Presupuestos y «dialogar» con Cataluña

OLATZ BARRIUSO BILBAO.

Si por algo se ha caracterizado siempre el PNV, además de por su sentido pragmático de la política, es por su habilidad para lo que en fútbol se conoce como 'leer el partido'. Es decir, hacer un buen control de daños y tener claro, incluso en condiciones de extrema presión como las de esta semana, dónde resulta más ventajoso situarse. En esa clave debe interpretarse su decisión de dar un balón de oxígeno a Rajoy hace poco más de una semana con su apoyo a los Presupuestos Generales del Estado aun con el 155 en vigor y dejarle caer apenas unos días después con el decisivo respaldo de sus cinco diputados a la moción de censura que hará hoy presidente a Pedro Sánchez.

El motivo de más peso en el análisis que llevó ayer al Euzkadi Buru Batzar -órgano de dirección del PNV- a decidir algo que ya venían barruntando desde días atrás fue que el riesgo político de sostener a Rajoy y aparecer como «encubridores» únicos de la corrupción -en palabras de Aitor Esteban- era desmesurado en comparación con la posible ganancia. De hecho, concluyeron los burukides, no existía tal ganancia porque el presidente del Gobierno se había convertido ya en un cadáver político y la respiración asistida del PNV, lejos de garantizar la estabilidad que les demandaban los empresarios que en las últimas horas han telefoneado preocupados a Sabin Etxea, solo serviría para alargar una irreversible agonía. «La legislatura ya había saltado por los aires el jueves pasado con la sentencia de 'Gürtel'», explican en el EBB, que lo vio claro cuando Ciudadanos, pese a no respaldar la iniciativa de Sánchez al no servir a su propósito de sacar las urnas cuanto antes, dio por finiquitada su colaboración con el PP tras la condena al partido por corrupción.

«Se llegó a la conclusión de que habíamos alcanzado el final de una etapa», apuntan otras fuentes jeltzales, en sintonía con las explicaciones que el propio portavoz del PNV brindó ayer desde la tribuna al remarcar la exigencia «ética» que les impulsa a remover a Rajoy por «responsabilidad». Esteban no ocultó que el fallo de la Audiencia Nacional marcó para su partido «un antes y un después» por su «indudable impacto» social y mediático. Con la «pésima» percepción pública sobre esa sentencia, el PNV empezó a sentir algo más que vértigo a aparecer en solitario como el sostén de Rajoy. Pero el factor decisivo para empujarles al 'sí', además del respaldo de los soberanistas catalanes, imprescindibles para que la moción prosperara, fue la certeza de que Rajoy no se sobreviviría esta vez a sí mismo como siempre ha hecho. El 'marianismo' agonizaba sin remedio y mantenerle en el cargo solo supondría, asumieron los miembros del EBB, retrasar unas semanas o unos meses su caída.

El PNV hizo el cálculo de que, aunque Sánchez fracasara, el «goteo» de sentencias judiciales por el resto de tramas corruptas que siguen dirimiéndose en los tribunales y las nuevas mociones de censura que anunciaban Pablo Iglesias y Albert Rivera acabarían por hacer caer a un presidente ya con los pies de barro. Esta vez, concluyeron, la oposición estaba decidida a unirse para expulsar al PP de Moncloa. «¿El voto negativo traería más estabilidad al Gobierno, al país, a la Cámara?», se preguntó Esteban, para responderse con una negativa.

Un 'pim pam pum'

Además, frente a posibles iniciativas futuras, de carácter instrumental y negociadas con el único fin de convocar elecciones cuanto antes, la de Sánchez ofrecía la ventaja de que el candidato socialista se propone, según ha trasladado al PNV, intentar «agotar» la legislatura o al menos llevarla lo más lejos posible. La duda es si será capaz de hacerlo con 84 diputados y con Podemos y Ciudadanos deseosos de echársele al cuello en cuanto tome posesión con la vista puesta en las próximas elecciones. Los jeltzales lo saben y admiten que la 'vía Sánchez' tampoco procurará la deseada estabilidad. «Si el Congreso es ya un hervidero, esto se va a convertir en un 'pimpampum'», ironizó Esteban. Aun así, mejor, creen, con un Sánchez que entre la noche del miércoles y la mañana de ayer dio a Ortuzar garantías de que no convocará elecciones «a medio plazo». Ése era uno de los principales intereses de Sabin Etxea, que teme sobre todas las cosas un ascenso al poder de Albert Rivera, ahora óptimamente situado en las encuestas.

Además, Sánchez, que se ha mantenido en contacto telefónico permanente con Ortuzar, le garantizó también que mantendrá el Presupuesto del PP que hace una semana el grupo del PSOE rechazó y que incluye una subida generalizada de las pensiones y 540 millones de inversiones en el País Vasco. También prometió el candidato socialista al presidente jeltzale, con quien mantiene una fluida relación, que restablecerá los canales de «diálogo» con Cataluña -tras haber llamado «racista» al president Torra- y que primará la relación institucional con el Gobierno vasco, en el que PNV y PSE gobiernan coaligados. Es de suponer que esa intención le llevará a recibir a Urkullu sin mucha dilación en cuanto tome posesión del cargo.

 

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