Las crisis de Sánchez, desde Màxim Huerta a Borrell

R. C. MADRID.

Pedro Sánchez accedió a la presidencia del Gobierno con un mandato claro del Congreso: acabar con la corrupción. El líder del PSOE se presentó como un hombre sin tacha y aseguró que sería implacable contra una lacra que puso fin a la era Rajoy. Se rodeó el ya jefe del Ejecutivo de un Gobierno, se suponía, modélico. Rostros consagrados, como el de Josep Borrell, Carmen Calvo o Aida Calviño; mediáticos, como Pedro Duque o Màxim Huertas; leales, como José Luis Ábalos o Carmen Montón. La confección de los integrantes del Consejo de Ministros, y su filtración a cuentagotas, despertó un interés inusitado. Nuevos tiempos. Pero pronto todo cambió. Para mal.

A primeras de cambio, el ministro de Cultura se vio obligado a dimitir. Ni una semana duró. Huerta decidió tirar la toalla tras conocerse que defraudó a Hacienda 218.322 euros. En una comparecencia inusual, y tras proclamar su inocencia, se fue para no desestabilizar, dijo, «el proyecto regenerador de Pedro Sánchez».

Pero ahí no se quedó la cosa. Justo al cumplirse cien días de la llegada de Sánchez a Moncloa, a Carmen Montón también se le mostró la puerta de salida por el escándalo de su máster en la Universidad Rey Juan Carlos, un caso archivado ayer por la justicia «al no quedar acreditada la perpetración de infracción penal alguna».

Y la cosa podría haber ido a más. Pero desde aquel momento el presidente del Gobierno, que empezaba a comprender qué es eso de gobernar en minoría, se plantó y va sorteando como puede los nuevos escándalos. Que no son pocos. Empezando por el de su tesis doctoral, sobre la que pesan dudas de plagio. El último señalado ha sido Borrell, a quien PP, Ciudadanos y, también, Unidos Podemos, el socio natural de Gobierno del PSOE, pidieron su dimisión tras la multa de 30.000 euros de la CNMV por usar información privilegiada para vender acciones de Abengoa.