La crisis migratoria pone en peligro el equilibrio político en el seno de la UE

Un voluntario de la Cruz Roja atiende ayer en Tarifa a parte de los inmigrantes que fueron rescatados en el Estrecho. :: A. Carrasco / efe/
Un voluntario de la Cruz Roja atiende ayer en Tarifa a parte de los inmigrantes que fueron rescatados en el Estrecho. :: A. Carrasco / efe

La operación de Bruselas, en la que participa Sánchez, busca salvar a Merkel, ahora contra las cuerdas por la presión de sus socios de la CSU

ADOLFO LORENTE BRUSELAS.

Se llama Angela Dorothea Merkel, nació el 17 de julio de 1954, y desde el 22 de noviembre de 2005 es la canciller alemana, la gran líder de Europa. Ha tenido que lidiar con cuatro presidentes de la República Francesa (Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy, François Hollande y Emmanuel Macron), cuatro primeros ministros británicos (Tony Blair, Gordon Brown, David Cameron y Theresa May), siete primeros ministros italianos (Romano Prodi, Silvio Berlusconi, Mario Monti, Enrico Letta, Matteo Renzi, Paolo Gentiloni y Giussepe Conte) y, además, tres presidentes españoles (José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez). Todos pasan, pero siempre queda ella. Siempre.

Pero, ¿y si ahora es diferente? ¿Y si cae? ¿Y si tiene que convocar elecciones anticipadas en un momento delicadísimo para Europa, que tiene a Donald Trump como principal desafío? Han saltado todas las alarmas en Bruselas, donde ya se ha activado la 'operación salvar a Merkel'. La minicumbre de emergencia convocada hoy por Jean-Claude Juncker de cara a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de finales de la semana que viene tiene mucho de esto.

La crisis migratoria que atraviesa Europa ha puesto contra las cuerdas a la canciller que atraviesa, sin duda, el momento político más delicado de su dilatada trayectoria tras el órdago lanzado por los socialdemócratas bávaros, su partido hermano. El presidente de la CSU y ministro del Interior, Horst Seehofer, ha radicalizado su posición en materia migratoria por la cercanía de las urnas y el avance de la ultraderecha. La CSU ha decidido competir contra la AfD en su propio campo, plegándose a sus reglas.

Algo muy arriesgado, porque entre la copia y el original la gente siempre suele apostar por lo primero. Merkel, por contra, sigue defendiendo un enfoque europeísta y soluciones que no dejen tirados a sus socios del Sur. Países, ojo, tan importantes como Italia y España, la tercera y cuarta potencia del euro. Palabras mayores.

Seehofer quiere alinearse con Austria o los países del Este para blindar las fronteras y restringir al máximo los movimientos secundarios de los demandantes de asilo. Es decir, obligar a los migrantes que entran a Europa por España, Italia, Grecia o Malta a quedarse en estos países y tramitar desde allí las peticiones de protección internacional, como marca el vigente sistema de Dublín.

Por contra, los países de la llamada 'primera línea' exigen cooperación y solidaridad por parte del resto de países, que siguen mirando para otro lado. Para muestra, el fracaso que ha supuesto la solución de emergencia aprobada en plena crisis de 2015, basada en un sistema cuotas obligatorias de acogida de refugiados. Los países del Este que conforman el Grupo del Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia) se negaron en redondo. Ni quisieron entonces oír hablar nada de refugiados, ni quieren ahora... ni querrán.

Italia rompe la baraja

Sorprendió, por ejemplo, como el jueves emitieron un comunicado anunciando a bombo y platillo su «boicot» a la minicumbre de hoy. En realidad, Juncker no cerró la lista de invitados, pero todos sabían que la reunión no era precisamente para los del Este, que ya van a estar representados por el primer ministro de Austria, Sebastian Kurz, el nuevo 'duro' de la UE.

La cumbre, como admiten fuentes comunitarias, se ideó pensando en Merkel. Primero, para cerrar filas con ella. Y, segundo, para facilitar en la medida de lo posible un acuerdo de mínimos entre las grandes potencias de cara a la cumbre de la semana que viene, a fin de que la CSU no culmine su ultimátum de cerrar las fronteras de forma unilateral sin contar con el plácet de la canciller. Si Horst Seehofer se atreve a consumar sus amenazas, que está por ver, Merkel no tendrá más alternativa que cesarle y provocar una crisis de Gobierno que llevaría a las urnas sí o sí.

Pero si hay un culpable de que la crisis migratoria haya saltado por los aires en el capítulo político ese es el nuevo Gobierno italiano y, en especial, su viceprimer ministro y ministro del Interior, Matteo Salvini. Su negativa a permitir que el 'Aquarius', con más de 600 migrantes a bordo, atracase en un puerto de Italia fue el detonante de todo.

El pulso está claro. Los del Norte quieren que los del Sur asuman toda la carga migratoria y los del Sur, al menos Italia, jamás aceptarán convertirse «en el gran campo de refugiados de Europa», como insiste una y otra vez el provocador Salvini.

¿Qué hacer entonces? La solución ideada es la misma que ya se acordó en 2015 y 2016 con Turquía, en plena crisis migratoria. Sacar el problema de Europa, de la zona Schengen, y pagar a terceros países para que ayuden a la UE a superar sus divisiones internas. La idea es crear campos de migrantes en el norte de África para controlar los flujos migratorios, comprobando desde aquí quiénes tienen derecho a protección internacional (asilo) o quiénes son inmigrantes económicos (no tienen derecho a entrar en la UE). Las críticas han arreciado ya, pero Bruselas lo tiene claro: «Estamos en contra de una bahía de Guantánamo para inmigrantes, que contradice los valores europeos. No es eso lo que estamos proponiendo».

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