El complicado encaje de los pactos electorales en Andalucía

Susana Díaz compareció ante los medios, la semana pasada, para anunciar el adelanto electoral en Andalucía. :: E. P./
Susana Díaz compareció ante los medios, la semana pasada, para anunciar el adelanto electoral en Andalucía. :: E. P.

Los posicionamientos estratégicos a la izquierda y a la derecha del tablero dificultan la gobernabilidad tras el 2 de diciembre

CECILIA CUERDO SEVILLA.

El escenario poselectoral puede dar al traste con la estabilidad invocada por la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, para adelantar las elecciones autonómicas y celebrarlas el próximo 2 de diciembre. Aunque el equilibrio de fuerzas no se conocerá realmente hasta abrir las urnas, la precampaña se calienta con el «compromiso» de Ciudadanos de que sus votos no servirán para hacer de nuevo presidenta a la candidata socialista, favorita en las encuestas. Una decisión que deja la Cámara andaluza fragmentada en dos bloques, derecha e izquierda, y complica sobremanera la gobernabilidad de la región por los vetos mutuos.

El anuncio de la formación liberal llegó por sorpresa, y coincidiendo con el pacto entre PSOE y Podemos para los Presupuestos Generales del Estado de 2019. Días antes, el líder andaluz de Ciudadanos, Juan Marín, mantenía que su única línea roja era un acuerdo con Podemos, abriendo la puerta a las alianzas que, a derecha o a izquierda del tablero político, serán necesarias para gobernar según todos los sondeos. Los pronósticos hasta el momento apuntan a la victoria del PSOE -aun bajando en votos y escaños respecto a los 47 que ahora tiene- y al ascenso del partido naranja, con nueve escaños en la actualidad (aunque uno se pasó al grupo mixto). Un crecimiento a costa de los populares (33 diputados) que sería no obstante insuficiente para arrebatar el poder a los socialistas.

Los datos señalan pues que la gran batalla se libra en la derecha y por ser la segunda fuerza política, con un PP que inició la precampaña ante un prostíbulo para denunciar un nuevo caso de corrupción, anterior a Díaz e investigado ya en los juzgados, y que plantea las elecciones como un referendo: alcanzar los 40 años de socialismo en la región o el cambio político, con un PP como única alternativa al ser el único partido que garantiza no pactar con el PSOE. Es en ese escenario en el que se enmarca el movimiento de Ciudadanos para desmarcarse radicalmente de sus exsocios, convencidos de que serán el elemento clave en el próximo ciclo político andaluz. La formación de Albert Rivera busca así amarrar el voto de centro y derecha y desplazar a los populares en el liderazgo de la oposición, lo que cimentaría un ascenso en próximas citas electorales.

El PP andaluz ya retó a Ciudadanos a firmar ante notario que no pactarán con el PSOE. Y aunque les atizan por servir de muleta estos años, reconocen que necesitan a la formación naranja para conformar ese ejecutivo de la alternancia y hacer presidente a Juan Manuel Moreno Bonilla. «Presidente le tienen que hacer los andaluces, no yo», le espetó sin embargo Marín, reprochando que al cabo de cuatro décadas sigan aspirando a ser segundos. Pese al enfrentamiento, la formación liberal tendría muy difícil justificar que, si es posible la suma de escaños con el PP, no abren la puerta al cambio en Andalucía después de 37 años.

Los socialistas, aunque preocupados por el órdago que vuelve endiabladas las opciones de pacto, lo interpretan como un posicionamiento táctico ante la apelación del PP al voto útil. «Cada día dicen una cosa distinta», zanjó Díaz. Recuerda que en 2015 Ciudadanos aseguró que no pactaría con ellos y 80 días después la hizo presidenta. Y lo mismo ocurrió en 2016 en las generales, cuando acabaron avalando a Mariano Rajoy. En el PSOE afean además las especulaciones sobre pactos antes de los comicios, «una falta de consideración democrática».

Las aspiraciones de Díaz

Díaz ya dejó claro tras el adelanto que aspira a gobernar en solitario mediante acuerdos puntuales con la oposición. Los socialistas no descartan tampoco como mal menor un gobierno en coalición con Ciudadanos, que hasta septiembre alababa el grado de cumplimiento de su socio y veía con agrado esta opción. La decisión de Marín, en cualquier caso, añade inestabilidad al día después de las elecciones, ya que coloca a Podemos como única opción de Díaz para alcanzar un acuerdo de gobierno si ambos suman 55 escaños.

Mas allá de la escasa sintonía personal entre sus líderes, la secretaria general de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez, ha insistido en varias ocasiones en su negativa a formar gobierno con un PSOE andaluz al que acusan de fagocitar a las formaciones con las que se coaliga. En los últimos tiempos, y tal vez por el acercamiento de sus líderes federales, ya diferencia entre PSOE y 'susanismo' y no descarta acuerdos puntuales para evitar que gobierne la derecha en la región. Pero esa es justamente la línea roja marcada por Ciudadanos, que siempre ha dicho que pretende frenar la llegada al poder de la formación de Pablo Iglesias.

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