La célula de Ripoll planeaba una cadena de atentados

Un crespón negro sobre un
dibujo de Barcelona, en el
que se distingue de fondo la
Sagrada Familia, homenajea
a las víctimas del 17-A.
:: PASCAL GUYOT / AFP
/
Un crespón negro sobre un dibujo de Barcelona, en el que se distingue de fondo la Sagrada Familia, homenajea a las víctimas del 17-A. :: PASCAL GUYOT / AFP

Un año después de los ataques yihadistas de Barcelona y Cambrils la investigación sigue plagada de incógnitas sobre los contactos en el extranjero

MELCHOR SÁIZ-PARDO

Los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils del 17 y 18 de agosto de 2017 siguen plagados de incógnitas un año después. Los Mossos d'Esquadra, la Guardia Civil y la Policía, es cierto, han logrado, con mucha precisión, reconstruir los movimientos de los doce terroristas involucrados en los días inmediatamente anteriores y posteriores a los ataques que provocaron 16 víctimas mortales y un centenar de heridos, pero apenas han conseguido datos que vayan más allá. Doce meses después, la investigación judicial que dirige el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andréu, que ha levantado esta semana de forma parcial el secreto de sumario, deja todavía «grandes lagunas» en un caso que sigue totalmente abierto. Mañana declaran dos testigos protegidos en el juzgado.

El objetivo

Un año después, admiten desde los servicios antiterroristas de Interior y de la Generalitat, se desconoce a ciencia cierta cuál o cuáles eran los objetivos primigenios de la célula terrorista de Ripoll. Lo único confirmado es que el objetivo original no eran los atropellos masivos de Las Ramblas (consumado) y del paseo de Cambrils (fallido). Todos los cuerpos policiales coinciden en que aquellos ataques se improvisaron tras el estallido el 16 de agosto en una casa de la urbanización Montecarlo de Alcanar (Tarragona) de los 200 kilos de explosivo 'Madre de Satán' que los terroristas estaban fabricando.

Entre los posibles objetivos estarían la Sagrada Familia o el Camp NouInterior no ha hallado pruebas de que los terroristas mantuvieran contacto con DaeshMañana declaran en la Audiencia Nacional dos testigos protegidos

Las hipótesis son varias. La más factible es la de una cadena de atentados usando las tres furgonetas que llegaron a alquilar y el camión que no lograron rentar la mañana antes de la explosión en Telefurgo de Sabadell al no tener carné. El único superviviente del núcleo duro de la célula, Mohamed Houli, no ha confesado nunca. A los funcionarios, por el momento, solo les cabe especular con el material encontrado en los dispositivos móviles de los fallecidos. Los yihadistas buscaron en sus dispositivos en los días anteriores a su muerte información sobre la Sagrada Familia, los horarios de los partidos del Camp Nou -había un Barça-Betis dos días después- y sobre varias discotecas de Barcelona y la Costa Brava.

Entre los restos de la casa de Alcanar también aparecieron las tarjetas de memoria que los terroristas usaron para grabar la seguridad y las colas en la Torre Eiffel en París. Los agentes de la Policía autonómica que han visionado esas grabaciones aseguran sin género de dudas de que se trata de imágenes con «propósitos terroristas». Al menos los Mossos d'Esquadra no descartan que la célula yihadista de Ripoll pretendiera atacar al icónico monumento parisino antes o después de atentar en Cataluña.

Metodología del ataque frustrado

La fórmula del ataque o ataques tampoco está clara un año después. Sin duda pretendían usar los 200 kilos de explosivos y el más de centenar de bombonas de butano que acumulaban como artefactos en uno o varios vehículos, pero las bombonas de gas no hubieran servido para ampliar el efecto del triperóxido de triacetona (TATP, Madre de Satán). Los terroristas llegaron a tener tres furgonetas simultáneamente alquiladas, aunque también intentaron rentar un camión.

Al margen del presunto uso de vehículos-bomba, los vídeos rescatados entre los restos del chalé de Alcanar mostraron la fabricación de explosivos caseros en cilindros para colocarlo en cinturones-bomba, que los yihadistas ya habían adquirido. La fabricación de estos dispositivos solo puede apuntar a que la célula también tenía planeados varios ataques suicidas. Desde los servicios antiterroristas del Ministerio del Interior llevan meses señalando la posibilidad de que los planes fueran perpetrar una cadena de atentados con vehículos-bombas, kamikazes y, probablemente, apuñalamientos.

Vínculos internacionales

Tanto los Mossos como los expertos del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO) no descartan en absoluto que la célula de Ripoll tuviera contactos exteriores, pero lo cierto es que, hasta el momento, todas las investigaciones internacionales han acabado en vía muerta. La pista belga es la más sólida, el imán de Ripoll estuvo en la localidad de Vilvoorde, al norte de Bruselas, donde hizo saltar las alarmas por sus discursos radicales. Las investigaciones de Interior en Bélgica no han dado resultados.

Los viajes a Francia de dos miembros de la célula -Younes Abouyaaqoub y Omar Hichami- tampoco han sido aclarados. Además de hacer un desplazamiento exprés el 11 y el 12 de agosto para fotografiar la Torre Eiffel, hicieron otro viaje en julio de 2017 y otros en diciembre de 2016. Los servicios antiterroristas franceses no han podido confirmar que se reunieran con alguien en la capital del Sena, pero están casi seguros de que sí que lo hicieron. Son demasiados viajes a Francia para unos jóvenes sin recursos para hacer turismo y sin un interés particular en la capital del país vecino explicable.

Por su parte, los especialistas del Ministerio del Interior, hasta la fecha, no han encontrado pruebas de que la célula mantuviera «contacto directo» con el Estado Islámico, que reivindicó como propios los atentados a las pocas horas. Aquellos comunicados de reivindicación, según apuntan los servicios de Información, estaban llenos de inexactitudes y errores, que hacen suponer que el Daesh se enteró por la prensa de los ataques.

Sin embargo, los servicios antiterroristas creen que hubo alguien por encima del imán de Ripoll coordinando los futuros ataques. El propio imán, Abdelbaki Es Satty, escribió un texto en nombre de «los soldados del Estado Islámico en tierra de Al Andalus». El problema, reconocen los investigadores tanto de Barcelona como de Madrid, es que la vida del imán desde su salida de la cárcel en 2014 es un «auténtico agujero negro». Incluida la forma en que adoctrinó a sus secuaces.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos