Casado y Rivera se lanzan a la batalla por el control del centro-derecha

El líder del PP, Pablo Casado, saluda a un inmigrante irregular durante su visita el pasado miércoles a Ceuta. :: J. GUERRERO / AFP/
El líder del PP, Pablo Casado, saluda a un inmigrante irregular durante su visita el pasado miércoles a Ceuta. :: J. GUERRERO / AFP

Los líderes de PP y Cs coinciden en pulsar el botón rojo contra el soberanismo, pero se distancian en materia de derechos sociales

M. E. ALONSO MADRID.

Comparten la misma generación, tienen estrategias similares y sus perfiles se parecen tanto en el aspecto físico como en su discurso antinacionalista y patriótico. Pablo Casado y Albert Rivera pugnan por liderar la oposición y por quedarse con la hegemonía del centro-derecha. Las próximas elecciones andaluzas, municipales y autonómicas serán su prueba de fuego antes de que se celebren las generales, previsiblemente en 2020, en las que deberán pelear contra la estrella ascendente de Pedro Sánchez. Pero ¿en qué coinciden ambos líderes? ¿Cuáles son sus ideas políticas y qué les diferencia?

Con un discurso muy similar al del PP, Ciudadanos ha conseguido convertirse en la voz de la oposición al soberanismo tanto fuera como también dentro de Cataluña, algo que ha quedado acreditado por la primera posición que consiguió en los comicios catalanes del 21-D y que dejó al partido conservador tocado y hundido, pasando a ser la séptima fuerza en el Parlament con tan solo cuatro escaños. Durante las primarias, Casado ya apuntó a algunos de los errores de su formación en este asunto: el fracaso de la operación diálogo, la gestión del 1-O o la tibia aplicación del artículo 155. Tras coger las riendas del PP, el líder conservador quiere recuperar terreno en Cataluña con un discurso más contundente, como el que ha mantenido Rivera hasta ahora. Ya ha propuesto incorporar en el Código Penal el delito de sedición impropia y el de convocatoria ilegal del referéndum.

Tanto uno como otro coinciden en pedir a Sánchez un cambio de rumbo en sus políticas migratorias porque creen que son un «efecto llamada» y le han exigido que deje de lado el «buenismo», después de que aceptara la llegada a España de refugiados que llegaron a Alemania, los migrantes del 'Aquarius' o el barco de la ONG Open Arms. Casado reitera que la solución no es «papeles para todos» y acusa al presidente del Gobierno de populismo. El dirigente naranja, por su parte, pide más firmeza al Ejecutivo contra la inmigración irregular para no mandar «mensajes equivocados».

Ambos coinciden en que las políticas migratorias del Gobierno han generado un 'efecto llamada'

No es el único punto en el que confluyen. Los dos políticos se oponen frontalmente a todo acercamiento de presos de ETA a cárceles vascas. Casado ya le advirtió a Sánchez durante su encuentro el pasado jueves en la Moncloa que no permitirán ningún paso en ese sentido y adelantó que los populares van a presentar una ley en el Congreso que «preserve la memoria y la dignidad de las víctimas del terrorismo». Para Rivera, el jefe del Ejecutivo «está rompiendo el consenso constitucionalista» en torno a la política antiterrorista y la penitenciaria y le ha urgido a «rectificar».

Reforma de la Loreg

Aunque ambos líderes están de acuerdo en la necesidad de acometer una reforma de la ley electoral cada uno plantea una propuesta distinta. Mientras Casado quiere que gobierne la lista más votada y así blindar al partido ganador, Rivera propone, entre sus recetas, establecer un mínimo del 3% de votos en toda España para tener representación, en aras a menguar a las fuerzas nacionalistas, y evitar que las personas que tienen un proceso judicial abierto o estén prófugos de la Justicia no puedan ser candidatos.

En el terreno económico los dos políticos defienden planteamientos de corte liberal. Frente a la subida de impuestos que propugna el PSOE y Podemos para recuperar la agenda social, Rivera y Casado apuestan por la bajada impositiva para no cargar en «las clases medias» la solución a la crisis. Pero mientras el PP propone una revolución fiscal en la que aboga por eliminar los impuestos de donaciones, patrimonio y sucesiones o reducir el máximo del IRPF al 40% y el de sociedades al 30%, la política económica de los naranjas es en este sentido más moderada y acorde con la ortodoxia de Bruselas.

Las principales discrepancias entre Rivera y Casado surgen en torno a algunos derechos sociales. Ciudadanos marca distancias con el PP respecto al aborto, la eutanasia o los derechos del colectivo LGBT. El líder centrista no considera que exista un reclamo social para modificar la actual ley del aborto después de que el popular aspire a «volver al consenso social de los 80 y 90 del PSOE y del PP que Zapatero rompió con fines electorales». También en la eutanasia mantienen sus diferencias. Mientras Casado se opone radicalmente y promulga que «somos el partido de la familia y la vida», los liberales respaldaron recientemente en el Congreso la toma en consideración de la ley impulsada por los socialistas. También fueron los primero en presentar en la Cámara baja una iniciativa para que las personas 'trans' pudieran cambiar de nombre en el Registro Civil con la mayor facilidad posible.

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