Casado intenta desactivar la idea de que PP y Vox son partidos «equivalentes»

El presidente del PP, Pablo Casado, junto a su mujer, Isabel Torres, comen buñuelos durante su visita este martes a las fallas de Valencia./EFE
El presidente del PP, Pablo Casado, junto a su mujer, Isabel Torres, comen buñuelos durante su visita este martes a las fallas de Valencia. / EFE

En los territorios echan en falta una mayor definición de la estrategia respecto a la formación de Santiago Abascal

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Aún hay tiempo para definir y reajustar la estrategia. Así lo ven en algunos territorios cargos del PP preocupados por unas encuestas empecinadas en reflejar un severo retroceso electoral del partido. De momento, aprecian en Pablo Casado «tímidas muestras» de querer marcar distancias con Vox, un movimiento que comparten los sectores más moderados de la formación conservadora. Los gestos comenzaron la semana pasada, cuando el líder de los populares censuró a Santiago Abascal el estar desaparecido de la escena pública. Hoy, además, se dirigió al electorado para advertirle sobre su rival en la derecha y Ciudadanos: «Que el votante no se equivoque, no son partidos que tengan una equivalencia».

Ese es un temor que se ha instalado en una parte del PP. Fuentes populares acogen con dudas la llamada de Casado a Vox y Ciudadanos para que se retiren en las circunscripciones más pequeñas y no se fragmente el voto. Podría entenderse, argumentan, que es lo mismo apostar por los populares que por cualquiera de las otras dos formaciones. En otras palabras, que son intercambiables. De ahí que aconsejen desterrar toda posible identificación con la ultraderecha.

 «El PP -proclamó, en este sentido, este martes Casado- no es ni Ciudadanos ni es Vox». Así, más allá de que en el futuro puedan suscribirse acuerdos «coyunturales», pasó a relatar aquellos asuntos programáticos que separan a los populares de sus adversarios directos . Entre otros, dijo, la defensa del Estado autonómico, que no suscriben los de Abascal. «Hay muchas diferencias -reiteró- en materia de inmigración, de lucha contra la violencia de género, de política económica, internacional o, en este caso, en su reivindicación de unas etapas que para nosotros están felizmente superadas». La «etapa superada» a la que se refiere es el franquismo, después de que la extrema derecha fichara como candidatos a generales retirados que en su día firmaron un manifiesto en defensa de la figura militar del dictador.

«Improvisación»

Fuentes populares respaldaron el intento de desmarcarse, sobre todo teniendo en cuenta la resistencia de Casado a entrar en el cuerpo a cuerpo con Vox. Mientras que relevantes figuras del partido, como el dirigente gallego, Alberto Núñez Feijóo, no han encontrado inconveniente a definir a su rival como la «ultraderecha de verdad», el presidente del PP ha evitado siempre referirse así al adversario. «Yo no me dirijo a Ciudadanos e insulto a su líder -esgrimió en enero- ni digo que Vox es de no sé qué extrema no sé cuál».

Pero el intento ahora de «diferenciarse» debería ir acompañado, sugieren voces de la formación conservadora, de una mayor definición de la estrategia respecto al partido de Santiago Abascal. Son varias las organizaciones territoriales y provinciales del PP que detectan una cierta «improvisación» y «desorden» en Génova.

Las relaciones entre los partidos que se disputan el mismo espacio electoral no son, en todo caso, sencillas. Este mismo debate sobre cómo afrontar la irrupción de otro competidor ya lo sufrió el PSOE tras el auge de Podemos. Tampoco es nuevo para el PP, aunque ahora el panorama sea más complejo. En las elecciones generales de 2015 y 2016, los populares ya tuvieron que tomar una decisión sobre Ciudadanos.

Con esa referencia en la memoria, fuentes del PP sostienen que «no es desaconsejable pasar al ataque». Aunque reconocen que hace tres años influyeron otros factores, como el bloqueo de la investidura, recuerdan que cuando los populares censuraron abiertamente al partido de Albert Rivera, comenzaron a crecer en expectativa electoral.

Álvarez de Toledo ve tras el 'procés' un reto «más grave» que el del 23-F

Cayetana Álvarez de Toledo defiende que el reto que ha planteado el secesionismo es «mayor» que el del golpe de Estado de 1981. La número 1 del PP por Barcelona argumentó hoy que el independentismo busca un acuerdo con el Gobierno de Pedro Sánchez para que se reconozca el derecho a decidir de Cataluña. Y este es un desafío, a su entender, de mayor envergadura que el del 23-F. «Esto es lo más grave que ha pasado desde 1978. Más grave que Tejero y Millans con los tanques», sostuvo en TVE la aspirante popular, que cree más fácil «neutralizar» a un «señor pegando tiros» en el Congreso.