Casado elude la confrontación con Vox y apela a su sintonía en «ideas y principios»

Rivera opta por ignorar la exhibición de fuerza del partido de extrema derecha en Vistalegre en un intento de evitar que coja más vuelo

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

Ciudadanos no se da por aludido ante la exhibición de fuerza realizada este domingo por Vox en el Palacio de Vistalegre; al menos, no de puertas para afuera. El PP, sí. Pablo Casado, que ya prometió recuperar los sufragios fugados hacia el partido liderado por Santiago Abascal durante la campaña por la presidencia de su partido, alertó ayer de las consencuencias que tendría una fragmentación del voto de la derecha en unas elecciones generales. Y en una llamada por anticipado al voto útil, argumentó que dispersar apoyos sólo favorecería a Pedro Sánchez, a Pablo Iglesias y al independentismo.

Vox, fundado en diciembre de 2013, apenas logró en los comicios de 2016 un 0,21% del voto (47.182 papeletas). La última encuesta del CIS, correspondiente a septiembre, estima que de convocarse ahora elecciones llegaría al 1,4% gracias al respaldo de un 1,7% de electores que hace dos años dieron su apoyo a los populares y de un1,9% de los que votaron Ciudadanos. Las cifras siguen siendo muy moderadas. En términos reales estaríamos hablando de 135.000 votos arañados al PP y 61.315 al partido de Rivera. Pero los conservadores temen que la tendencia se consolide.

Casado advirtió, de hecho -en una comparecencia en Barcelon, tras asistir a la junta directiva regional que puso en marcha el proceso de primarias para sustitur a Xavier García Albiol al frente del partido- que se puede llegar a dar el caso de que el salto a Vox deje al PP sin algún escaño sin que eso se traduzca en representación de la formación de extrema derecha en las instituciones. Una manera de decir que el voto iría a la basura.

El PSOE cree peligrosa la irrupción de un discurso xenófobo y antifeminista en la política española

En una clara estrategia de seducción, el líder del PP evitó la más mínima crítica al discurso de Abascal, defensor de las deportaciones masivas de inmigrantes y de la supresión de las comunidades autónomas. No sólo no respondió a los epítetos que el domingo dedicó el dirigente ultraconservador a los populares, a los que se refirió como «la derechita cobarde», sino que aseguró que tiene una «excelente» relación con él y que comparte con su partido «muchas ideas y principios».

El temor de Casado está justificado. La retórica antiinmigración quizá no ha penetrado aún en España como en otros países europeos. Sin embargo, el otro eje discursivo de Vox, el antiautonomista, sí. De acuerdo con el CIS, ni más ni menos una quinta parte de los españoles sería partidario de un Estado con un único Gobierno central y la cifra aumenta si se añade a los que querrían que, por lo menos, las comunidades tuvieran menos competencias (estos son un 11,6%).

Centralismo

El electorado es claramente más centralista cuanto más a la derecha se sitúa ideológicamente. Eso afecta al PP -un 37,1% de quienes se declaran sus votantes querrían que no hubiera comunidades autónomas- pero también a Ciudadanos (en su caso son casi el 28% de los electores). Casado argumentó que para acabar con las autonomías habría que modificar la Constitución, para lo que «no hay mimbres», y adujo que el «éxito» de la descentralización no es incompatible con reclamar para el Estado la titularidad en competencias como Educación o Sanidad (transferidas por los Gobiernos de José María Aznar).

Albert Rivera, mientras, evitó la mínima respuesta a las apelaciones de Abascal, capaz de juntar a 10.000 personas en la emblemática plaza de toros. El líder de Ciudadanos sostiene que hablar de otras formaciones es «un error» y ha dado orden a los suyos de no entrar al trapo, al menos, mientras Vox no tenga representación en el Congreso. Tampoco comentará sus propuestas, ni su programa político. «Que se definan ellos», insisten desde la dirección del partido. Aun así, trató de inimizar el efecto que pueda tener la pequeña formación en las urnas con el argumento de que hay «muchos más votantes liberales y proeuropeos» que de extrema derecha. «Los tiempos están cambiando y solo hay que decidir si cambian a mejor», zanjó.

En la otra mitad del espectro político, se habla de preocupación. El PSOE aseguró que el hecho de que irrumpa en España un discurso xenófobo y antifeminista es peligroso. Sin embargo, en términos tacticistas también admiten que puede beneficiarles porque tensiona al electorado de izquierdas mientras fractura a sus rivales.

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