Cambio histórico en Andalucía

Cambio histórico en Andalucía

El descalabro de Susana Díaz y la irrupción de Vox pone fin a 36 años de gobiernos socialistas al sumar mayoría los partidos de derecha

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

Después de 36 años de hegemonía socialista, el cambio ha llegado a Andalucía y podrá ser gobernada por la derecha. La suma de PP, Ciudadanos y Vox supera la mayoría absoluta de 55 escaños. Este partido de extrema derecha ha sido la sorpresa monumental de las elecciones celebradas este domingo. Irrumpe con 12 escaños en el Parlamento de Andalucía y da un vuelco absoluto al tablero político de esa comunidad, y quién sabe si al nacional. La otra gran novedad ha sido el absoluto descalabro de los socialistas, que con Susana Díaz al frente pierden 14 diputados, se quedan con 33 y tendrán que hacer la mudanza del palacio de San Telmo después de 36 años ininterrumpidos.

En Andalucía se puede dar la paradoja de que uno de los grandes perdedores de las elecciones, el popular Juan Manuel Moreno, se convierta en el próximo presidente de la Junta de Andalucía. La suma de «las derechas», como bautizaba con desdén la líder socialista a la suma de PP, Ciudadanos y Vox, alcanza los 59 diputados mientras que la de PSOE y Adelante Andalucía (la alianza de Podemos e Izquierda Unida) se queda un 50. Un vuelco absoluto que no captó ninguna de las encuestas ni entró en la predicción de analista alguno ni figuraba en los escenarios que dibujaban los comités electorales de los partidos.

A bote pronto, se dibujan un puñado de razones. La baja participación ha beneficiado al partido con el electorado más movilizado, que ha demostrado ser el de Vox. La formación ultraderechista ha obtenido representación en las ocho provincias andaluzas. Esa misma baja afluencia ha castigado como nunca al PSOE, cuyo votante a prueba de bombas se ha sacudido la fidelidad y en su mayoría se ha quedado en casa. Pero también hay elementos exógenos, como el de que España no se ha quedado fuera de la ola ultraderechista que baña Europa. Hasta ahora los parapetos habían funcionado, pero el hundimiento del PP, aunque no solo por eso porque el voto a Vox también ha fluido desde otros partidos, ha sido fundamental.

El partido de Santiago Abascal tiene la llave para que Moreno sea el próximo presidente de la Junta de Andalucía. Nadie apostó por ello. Ha sido un terremoto electoral. El voto a Vox, además, ha demostrado ser homogéneo, ha logrado representación en las ocho provincias, y en cuatro ha obtenido dos escaños. No es una extrema derecha que bebe solo de las fuentes nostálgicas del franquismo; es, a tenor de su discurso, antieuropeísta, nacionalista, 'trumpista', xenófoba y antifeminista.

Con Vox, la ultraderecha entra por primera vez en las instituciones autonómicas y ha venido para quedarse porque las expectativas que tienen, sobre todo, para las europeas son fantásticas, pero también para las autonómicas y locales. Un partido al que solo el PP en el tramo final de la campaña trató con delicadeza, le hizo guiños y evitó las críticas. Ahora, solo hace falta que ambas fuerzas y Ciudadanos unan sus fuerzas para que Moreno se convierta en el sexto presidente de la Junta de Andalucía después de cinco predecesores socialistas.

La mitad de diputados

Moreno va a paladear el éxito después de uno de los peores resultados del PP. Ha perdido siete escaños y seis puntos en votos, y pese a ello ha mantenido la primacía entre las fuerzas conservadoras porque Ciudadanos, una vez más, no ha cumplido con las expectativas generadas. En seis años, los populares han visto irse por el sumidero la mitad de los diputados que tenían. Si nadie apostaba por el éxito de Vox, qué decir del de Moreno, aunque sea de rebote. Nadie daba un euro para que el líder de los populares fuera el próximo presidente de la Junta. Un éxito que eclipsará el revés sufrido por el PP y por Pablo Casado, quien ha puesto toda la carne en el asador en estas elecciones, y que ha sufrido un descalabro en las urnas pero que podrá vender que su partido, y él como su líder, han protagonizado el cambio en Andalucía, un giro que no entraba en ningún pronóstico y que permitirá a Casado seguir presentándose como la alternativa en España con el aval de Andalucía.

Susana Díaz empieza a adquirir una preocupante, para ella, fama de perdedora de elecciones cuando es la favorita. Cayó derrotada en las primarias del PSOE frente a Pedro Sánchez y su derrota de ayer ha puesto fin a 36 años de gobierno del puño y la rosa en Andalucía. Los socialistas estaban noqueados, no se lo podían creer porque nada de nada hacía atisbar este descalabro. Si hace tres años obtuvieron los peores resultados de su historia, ahora han perforado el suelo y han perdido 14 diputados y siete puntos en la votación. Ni el triste regusto de ser la fuerza más votada calma la tristeza y el desasosiego. Cansancio, desgaste, corrupción, se pueden añadir argumentos, pero el resultado del PSOE es un cóctel de todos ellos y alguno más que aflorará. Si Pedro Sánchez pretendía testar en Andalucía las posibilidades electorales del PSOE en España tiene razones para pensarse el adelanto.

Ni siquiera el respaldo de Adelante Andalucía permite a los socialistas conservar el palacio de San Telmo. La candidatura de Teresa Rodríguez sufrió otro mazazo, aunque menor, no logró conservar los resultados que obtuvieron por separado Podemos (15 escaños) e Izquierda (cinco), perdieron tres y han retrocedido cinco puntos en la votación. Un resultado que ha vuelto a demostrar que, en política, las sumas casi siempre restan.

Ciudadanos no ha conseguido triplicar su presencia en el Parlamento andaluz, como era su objetivo, ha logrado duplicarla y un poco más, pero de nuevo se ha quedado por debajo de los pronósticos. Ha crecido mucho, pero no ha logrado desbancar al PP al frente del centroderecha, que era otra de sus metas. Había felicidad en el cuartel general de los liberales, pero no completa. Aparecer en la foto con Vox aupando al candidato del PP no es la imagen que más deseaba Albert Rivera.

 

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