Borrell acudirá a los tribunales si las embajadas catalanas vulneran la ley

ANDER AZPIROZ MADRID.

Josep Borrell vuelve a plantar cara al independentismo catalán en el ámbito internacional. El jefe de la diplomacia advirtió ayer a la Generalitat de que su departamento vigilará de cerca la actividad de las embajadas que Quim Torra pretende abrir en distintos países. Y, si cometen alguna ilegalidad, Exteriores acudirá a la justicia para denunciarla, señaló Borrell. El ministro reconoció, eso sí, que su margen de maniobra es el que marca la legislación. «Sólo podremos recurrir a los tribunales cuando las actuaciones que se desarrollen desde ahí sean contrarias a la ley», añadió.

Este jueves, Exteriores emitió un informe desfavorable a la apertura de seis de las nuevas embajadas de Torra. Se trata de las de Europa Central (Viena), Países Bálticos (Tallin), Balcanes (Zagreb), Portugal (Lisboa), Países Nórdicos (Estocolmo) y Mediterráneo (Beirut). Según marca la Ley de Acción de Exterior de 2014, las comunidades autónomas tienen libertad para abrir oficinas en otros países, siempre y cuando informen de ello a Exteriores, que emitirá después un informe no vinculante al respecto.

En este caso, el departamento que dirige Borrell «ha informado desfavorablemente sobre la apertura de estas delegaciones al estimar que su objetivo claro y manifiesto, declarado de modo reiterado por las principales autoridades del Gobierno de la Generalitat, consiste en utilizar estas delegaciones para apoyar fines manifiestamente contrarios a los principios y objetivos de la política exterior de España». Fuentes diplomáticas han resaltado el valor de este informe, que aunque no impedirá la creación de las oficinas sí las rechaza por primera vez.

La Generalitat y Exteriores juegan al gato y al ratón con las embajadas catalanas. Es una batalla que se enmarca dentro de la guerra soterrada a cuenta de la obsesión del secesionismo por difundir su relato en el extranjero. Para Puigdemont y los suyos, la vía para alcanzar la república pasa por forzar una mediación internacional, primero, y conseguir el reconocimiento de otros países después. La regla es simple, si nadie te reconoce, no eres independiente por mucho que lo proclames.

De momento el independentismo ha fracasado en ambos objetivos, pese a que las imágenes de las cargas policiales del 1-O o las sentencias desfavorables a la justicia española en Bélgica y Alemania le han granjeado simpatías al 'procés' en las sociedades europeas. Acabar con ellas es uno de los principales cometidos de Borrell, quien desde que asumió el Ministerio ha insistido en la necesidad de contar la realidad sobre el desafío independentista en cada rincón del mundo. Y ésta, insiste el jefe de la diplomacia, consiste en que España es una de las democracias más avanzadas del mundo. Todo lo contrario de lo que podrían tratar de 'vender' las embajadas de la Generalitat, sospecha Exteriores.

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