Los bomberos de Marbella ayudan a un niño con cáncer y parálisis a ir al colegio

Las dimensiones del problema para Natalia y su hijo Benja son monumentales: un cuarto piso sin ascensor de altura y los 30 kilos de su hijo de peso. "No podemos salir a la calle, ni bajar ni subir. Depende todo el tiempo de mí y yo no puedo ni bajarlo ni subirlo", se lamenta su madre. Todas las puertas que golpeó se le cerraron hasta que encontró la energía de los bomberos de Marbella. Aupándolo a pulso peldaño a peldaño. Imprescindible para poder llevarlo al colegio cada mañana y además con una sonrisa. Momento de felicidad que se repite por las tardes, cuando la potencia de dos jóvenes del gimnasio del barrio le regala la oportunidad de bajar al parque. "Lo que necesitamos es salir a la calle a dar paseos para que pueda recuperarse más rápidamente", suplica Natalia. Nunca les faltará el agradecimiento infinito a la fuerza de la solidaridad.