Un «apocalipsis» de lodo y agua mata a diez personas y arrasa el noreste de Mallorca

Una vecina camina entre el lodo y los coches volcados que dejó la riada a su paso. :: Enrique Calvo / Reuters/
Una vecina camina entre el lodo y los coches volcados que dejó la riada a su paso. :: Enrique Calvo / Reuters

Los operativos todavía buscan a un niño desparecido durante el aluvión que ha dejado sin hogar a 200 personas

J. M. CAMARERO/ M. SÁIZ-PARDO SANT LLORENÇ/MADRID.

Los que lo vivieron solo encuentran una palabra para describirlo: «apocalipsis». El fin del mundo comenzó a llegar al noreste de Mallorca con las últimas horas de luz del martes en forma de un diluvio con una cantidad de agua superior, en algunos lugares, a los 300 litros por metro cuadrado en solo unas horas. Un volumen de precipitaciones inimaginable. Fue un tremendo aguacero imposible de absorber por el terreno, que se cebó con saña en la comarca del Levante de la isla (a 60 kilómetros de Palma), en la que las ramblas secas y las montañas pusieron el escenario idóneo para la devastación y la muerte.

A pesar de la 'tormenta perfecta' que se había desatado por sorpresa a las 18.00 horas (el aviso meteorológico pasó de amarillo a naranja en poco tiempo) ningún vecino del triángulo maldito formado por los municipios de Sant Llorenç des Cardassar, Arta y S'Illot pensó que lo peor estaba todavía por llegar con la caída de la noche y la madrugada. Incluso cuando el aguacero parecía remitir.

Fue entonces, pasadas las 20:00 horas, cuando los torrentes secos que rasgan toda la zona se convirtieron en cuestión de minutos en avenidas de aguas nunca antes vistas. En «verdaderos tsunamis», en palabras de los testigos, que llegaron de improviso.

Avalanchas de barro -porque fueron varias- que a su paso acabaron con la vida de diez vecinos, seis hombres y cuatro mujeres. Tres de ellos extranjeros. El balance es provisional porque todavía se busca a un niño de cinco años cuya madre, que salvo a otra hija de ocho, se cuenta entre las víctimas mortales.

Algunos fallecieron atrapados en los coches (como la madre de los pequeños o una pareja británica y su taxista), otros en los bajos de sus casas, otros cuando intentaban escapar nadando de los aludes de lodo y agua. Otros cuerpos aparecieron después de horas de búsqueda casi en el mar, arrastrados por el alud de lodo.

'Zona cero'

Casi todas las víctimas perecieron en la 'zona cero', el pueblo de Sant Llorenç y sus inmediaciones. La ubicación de este municipio, de apenas 8.000 habitantes, lo situó en el centro de la furia de la avenida de agua y lodo. El pueblo está construido justo en la confluencia de dos torrenteras (Sa Blanquera y Begura de Saumá), que desembocan, en pleno casco urbano (y después de alguna modificación hecha por la mano del hombre) en una tercera rambla, la de Ses Planes. Este torrente, convertido durante horas en un río salvaje desbordado fue la tumba de casi todas las víctimas y eso que su cauce estaba bastante limpio en previsión de lluvias copiosas.

A lo largo de los más de once kilómetros que recorrió hasta su desembocadura en el mar, junto a S'Illot, (que es precisamente donde se busca el cuerpo del niño desaparecido) el torrente engulló literalmente todo. Las aguas del Ses Planes, ayudadas por un descenso de 80 metros, se volvieron especialmente virulentas. Casi aguas bravas. Su cauce habitual, de apenas dos o tres metros, llegó en algunos puntos a más de un centenar de metros.

El aluvión, en su origen, comenzó convirtiendo las calles de Sant Llorenç en ríos de hasta dos y tres metros de altura. La fuerza de la confluencia de los dos torrentes provocó pilas de cinco o seis automóviles. En el pueblo, las olas de fango arrasaron la gran mayoría de las casas, reventando literalmente muros de varios centímetros y haciendo saltar las puertas, dando vía libre a que la corriente arrastrara todo tipo de enseres. La mayoría de los vecinos del pueblo lograron ponerse a salvo subiendo los pisos altos de las viviendas, incluso escalando hasta los tejados y árboles cercanos. Muchos también consiguieron alcanzar las zonas más elevadas del municipio, que se libraron de las principales arremetidas de las aguas, aunque también sufrieron importantes desperfectos.

Torrente abajo la situación fue igualmente dramática. Tras arrasar Sant Llorenç, el aluvión de barro y agua desbordó puentes, engulló infraestructuras y se comió pedazos de varias carreteras de la comarca mientras arrastraba como si fueran de papel decenas de coches a las cunetas. Los campos se anegaron en segundos, dificultando aún más la huida de los afectados hacia lugares seguros en las colinas. La tierra no daba abasto para filtrar el equivalente de tres bañeras completas de agua por metro cuadrado.

Devastación

Con la llegada del día, la envergadura del desastre se hizo evidente. La comarca había sido devastada por el lodo y era casi inaccesible, con once carreteras dañadas. Los daños materiales, incalculables, tanto en domicilios como en campos o vehículos. Más de 200 personas, según las primeras estimaciones, lo han perdido todo o casi todo. O al menos, sus viviendas son inhabitables y han tenido que dormir -la primera de muchas otras noches- en los polideportivos Miquel Ángel Nadal y Na Capellera de Manacor y Es Pinaró de Son Servera. Después de una noche de espanto en la que solo los guardias civiles y algunos bomberos pudieron llegar a las zonas más afectadas, ayer la ayuda llegó a raudales. Cerca de un millar de personas (630 funcionarios y más de 400 voluntarios) trabajaron a destajo en la búsqueda de los desaparecidos, en la limpieza y en la reapertura de las vías, en la puesta en marcha de servicios esenciales y en la asistencia de los afectados. Efectivos del Ejército (la UME desplazó 80 efectivos en avión desde Valencia para rastrear palmo por palmo siete de los kilómetro del torrente Ses Planes) Guardia Civil, Policía Nacional, bomberos, policías locales y de Protección Civil, voluntarios... el tenista Rafa Nadal, que participó en persona en las tareas de limpieza, ofreció las instalaciones de su centro deportivo en Manacor para los damnificados.

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