El PP amenaza ahora con enmendar los Presupuestos para vengar su desahucio exprés

El coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, y el portavoz parlamentario, Rafael Hernando, hablan con Sáenz de Santamaría el viernes en el Congreso. :: J. lizón / EFE/
El coordinador general del PP, Fernando Martínez-Maillo, y el portavoz parlamentario, Rafael Hernando, hablan con Sáenz de Santamaría el viernes en el Congreso. :: J. lizón / EFE

La dirección del partido matiza aun así que no hay una decisión tomada y tratará de ganar tiempo con una ampliación de plazos en el Senado

PAULA DE LAS HERAS MADRID.

El PP rumia ya su venganza tras el desahucio exprés del Gobierno y no solo tiene en el punto de mira al PSOE. El ya primer partido de la oposición anunció ayer que aprovechará su mayoría absoluta en el Senado para enmendar los Presupuestos Generales del Estado como considere «oportuno». Pedro Sánchez se comprometió a gobernar con las cuentas que Mariano Rajoy pactó con Ciudadanos, PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias, en pro de la gobernabilidad. Fue un gesto clave para lograr el apoyo de los nacionalistas vascos a la moción de censura. Pero la operación con la amenazan los populares le pondría en un brete.

En principio, tanto un eventual veto como las enmiendas parciales que se aprueban en la Cámara alta son perfectamente revocables. Si los presupuestos pasaran por el Senado sin cambios terminarían en él su tramitación parlamentaria. Si no, vuelven al Congreso y allí la misma mayoría que los sacó adelante puede volver a dejar las cosas como estaban. El problema es que esa mayoría ahora está enemistada.

La vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, Andrea Levy, no descartó que su grupo proponga, por ejemplo, otro reparto de los 540 millones de euros que el PNV logró arrancar al actual ministro de Hacienda en funciones, Cristóbal Montoro. Ese dinero -que, en principio, iría destinado a impulsarla Alta Velocidad y otras infraestructuras estratégicas del País Vasco, a la rebaja de los peajes eléctricos, al aeropuerto de Foronda, a I+D+I o al puerto de Pasajes- se podría redistribuir entre provincias de otras comunidades autónomas.

Los partidarios de la operación buscan crear división entre el PSOE y sus apoyos en la moción

Fuentes de la dirección popular matizan que aún no hay ninguna decisión tomada al respecto y que será en los próximos días cuando tomen una decisión. El martes se reúne el Comité Ejecutivo Nacional y probablemente en él se hablará, entre otras cosas, de cuál debe ser la estrategia de oposición. Oficialmente, el plazo para registrar enmiendas a las cuentas públicas en la Cámara territorial concluía este mismo lunes por la mañana pero en Génova ya avanzan que se ampliará sin fecha aún definida.

Ese hecho ya es, en sí mismo, extraordinario. Será, según subrayan fuentes parlamentarias, la primera vez que se modifique el calendario fijado por las Mesas del Congreso y el Senado para la tramitación de los presupuestos, que, a diferencia del resto de proyectos de ley, tienen unos tiempos muy tasados.

Dos almas

En el PP conviven en este momento dos almas: una más pragmática, que apuesta por hacer el duelo y ejercer, a medio plazo, una moción constructiva y otra, a la que puso rostro el mismo viernes el portavoz del grupo parlamentario, Rafael Hernando, más visceral, que desea una guerra sin cuartel a los socialistas. Si los primeros aseguraban el viernes que, por responsabilidad, no jugarían con los presupuestos, los segundos ya diseñaban su plan.

Nadie piensa en un veto a las cuentas ni un ponerlas patas arriba por completo, algo que podría dar imagen de partido poco serio. Los partidarios de la operación dicen que lo que sí cabe, ahora que sus socios les han abandonado, es aprovechar para plantear 30 o 35 «enmiendas estratégicas» que puedan provocar las primeras divisiones entre el PSOE y quienes lo han aupado al Gobierno, pero no sólo el PNV, también Podemos o Compromís o Esquerra. Quieren que, llegado el momento de votar en el Congreso, se refleje que no pueden proporcionar estabilidad alguna.

Nada de esto pilla a Pedro Sánchez por sorpresa. En su formación ya auguraban el viernes que el PP volvería al mismo tipo de oposición agresiva que ya desarrolló en 2004 tras el 11-M. Bastó oír a la secretaria general del partido, María Dolores de Cospedal, decir que apoyarse en los independentistas los convertía en «enemigos de España» o a Hernando hablando de «fraude» democrático para tomar nota. La posición de Ciudadanos, igual de beligerante, es además un elemento de presión añadido.

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