Ahorros para la jubilación

Villarejo comenzó hace una década a dedicarse de lleno a su lucrativa agencia de detectives

M. SÁIZ-PARDO MADRID.

Los que le conocen a José Villarejo afirman que a partir de 2006-2008, cuando vio acercarse su jubilación, empezó a cambiar su forma de actuar conforme aumentaban las grabaciones. Fue arrinconando (que no dejando totalmente) sus supuestos trabajos «al servicio del Estado» para potenciar una suerte de «superagencia de detectives privada» aprovechando su aureola de mito policial y sus contactos tanto dentro como fuera de la Policía. Incluso, usando medios del Ministerio del Interior, como las bases de datos confidenciales, para realizar informes, como el que le encargó el empresario Juan Muñoz, marido de Ana Rosa Quintana.

Sus tarifas a los 'vips' eran astronómicas, hasta 200.000 euros por un dosier, y sus métodos (incluida la obtención de información a través de prostitutas, «vía vaginal», como él la denominaba) fueron retorciéndose. Esa es la época, explican mandos policiales, en que se reunió, todavía con el marchamo de policía pata negra, con Cospedal para recibir encargos al margen de su trabajo en el Ministerio del Interior.

Villarejo, el comisario sin rostro, el de los grandes y supuestos servicios a España, estaba comenzando a convertirse (o simplemente a revelar su auténtico rostro) como el Villarejo presunto delincuente y mediático. En el comisario de las grabaciones y las redes de extorsión.

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