La Abogacía del Estado acusará de sedición, pero no de rebelión, a los líderes del 'procés'

Aspecto de la concentración de ayer ante la prisión de Lledoners, en la que están encerrados varios líderes del proceso independentista. :: r. c./
Aspecto de la concentración de ayer ante la prisión de Lledoners, en la que están encerrados varios líderes del proceso independentista. :: r. c.

Los servicios jurídicos atienden las señales del Gobierno y rebajan su petición de pena

RAMÓN GORRIARÁN MADRID.

La Abogacía del Estado acusará hoy a los procesados en la causa del 1-O de sedición y de malversación. Fuentes gubernamentales confirmaron ayer que excluye el delito de rebelión, que sí mantendrá la Fiscalía, porque considera que el grado de violencia ejercido no fue suficiente para justificar ese tipo penal. Los castigos por sedición van de diez a quince años de prisión, mientras que los de malversación abarcan desde los seis a los doce años cuando el dinero público empleado de forma ilegal rebasa los 250.000 euros.

Los servicios jurídicos del Estado atendieron las señales que han hecho llegar los últimos días distintos miembros del Gobierno, con el presidente Pedro Sánchez y la vicepresidenta Carmen Calvo a la cabeza, y descartaron incluir en su escrito de acusación la rebelión. La Abogacía del Estado depende del Ministerio de Justicia, no es un organismo autónomo -como sí lo es la Fiscalía- y sigue los criterios gubernamentales, que en este caso se habían decantado por no acusar de rebelión, penado con entre quince y 25 años.

La sedición tiene un rango inferior y se aplica a quienes «se alcen pública y tumultuariamente para impedir por la fuerza o fuera de las vías legales la aplicación de las leyes». El Código Penal detalla que la rebelión exige el empleo de la violencia. Esta agravante es el caballo de batalla en el debate de los juristas, divididos entre si el grado de violencia registrado en el asedio a la Consejería de Economía del 20 y 21 de septiembre y en el referéndum ilegal del 1 de octubre amerita la acusación más grave.

El Tribunal Supremo, en su auto de apertura de juicio oral del pasado 25 de octubre, atribuye el delito de rebelión a Oriol Junqueras, Raül Romeva, Josep Rull, Jordi Turull, Joaquim Form, Carme Forcadell, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart. También se lo imputa, aunque no serán procesados por estar en rebeldía, a Carles Puigdemont, Toni Comín, Clara Ponsatí y Marta Rovira.

La Abogacía, según las fuentes consultadas, acusará a estos doce procesados de sedición. Los servicios jurídicos del Estado se personaron en la causa del 'procés' en febrero pasado a petición del Ministerio de Hacienda por el delito de malversación. Pero a lo largo del proceso compartieron posiciones con la Fiscalía, hasta que el pasado 6 de agosto respaldaron la decisión del instructor Pablo Llarena de solicitar la apertura de juicio oral por rebelión, sedición y malversación. Desde ese día hasta este momento, se ha caído de su carga acusatoria el delito de rebeldía. Una rebaja que ha coincidido con los guiños del Ejecutivo de Pedro Sánchez a las fuerzas soberanistas.

La Fiscalía, sin cambios

El Gobierno socialista ha insistido ante los secesionistas catalanes para que no vean en las posiciones acusatorias de la Fiscalía y la Abogacía los gestos de distensión que demandan para apoyar los Presupuestos. Pero los independentistas no solo reclaman rebajas en la petición de penas sino que vayan acompañadas de la libertad provisional de los procesados. Con esta postura de la Abogacía, sin hablar siquiera de la Fiscalía que mantendrá el listón alto de la acusación, los independentistas se habrán llenado de razones para ratificar su negativa a respaldar las cuentas públicas y dejarán a Sánchez al borde del precipicio de la legislatura.

La Fiscalía ratificará hoy su petición de penas de prisión por rebelión, con la calificación más elevada para Junqueras, como han apuntado fuentes jurídicas en los últimos días. De esta forma es de prever que el escenario político-judicial entre el Gobierno central y la Generalitat entrará en una fase de extrema tensión.