Triana nunca caminó sola

Triana Martinez (i), su madre, Monserrat González (2-d), y Raquel Gago, durante el juicio./
Triana Martinez (i), su madre, Monserrat González (2-d), y Raquel Gago, durante el juicio.

La relación entre Montserrat y su hija es clave en el juicio por el crimen de Isabel Carrasco

MATEO BALÍNMadrid

Hay escenas capaces de resumir una relación. Miércoles, diez de la mañana. Audiencia Provincial de León. Triana Martínez lleva una hora declarando. Se enfrenta a 23 años de cárcel, los mismos que el fiscal solicita para su madre, Montserrat González, y su amiga, la policía local Raquel Gago, por el asesinato de Isabel Carrasco. Tiene sed y pide agua al presidente de la sala. Su mamá, de forma apresurada, se levanta del banquillo de los acusados y le entrega un botellín, en una actitud que se traduce en un «a mi niña que no le falte de nada».

Triana está más cerca de los cuarenta que de los treinta. Habla con un hilo de voz y se expresa como una adolescente. Sorprende, de hecho, que repita constantemente «mi mamá». Hasta cincuenta veces lo pronunció en su declaración ante los cinco hombres y cuatro mujeres que desde el lunes pasado juzgan el asesinato, el 12 de mayo de 2014, de la presidenta de la Diputación de León.

Las tres acusadas

- Montserrat González : ¿Actuó bajo un trastorno mental?

La autora confesa del crimen declaró que está dispuesta a asumir toda la responsabilidad del asesinato y en su declaración dejó claro que su único objetivo es salvar a su hija y, por extensión, a Raquel Gago. «Mentiría si dijera que estoy arrepentida», fue la sonora frase con la que concluyó el interrogatorio. Montserrat, de 60 años, solo contestó a las defensas y su abogado buscará en lo que queda de juicio demostrar que actuó bajo un «trastorno mental». El premio, la eximente. Esto, sumado a la atenuante de reparación de daño y confesión del crimen, hace que la defensa pida seis años y medio de prisión por el delito de asesinato y uno más por la tenencia ilícita de armas, en lugar de los 23 que reclama el fiscal. Lo tiene casi imposible, porque incluso la reconstrucción del plan que hizo en la vista oral tiene muchas lagunas.

- Triana Martínez: Probar que no ideó el plan, única salida

La hija de la autora confesa del asesinato afronta una semana crucial. La presencia de testigos clave pueden darle al jurado la información necesaria para determinar su implicación o no en el plan. Ha ganado tiempo con la petición de las defensas de que se deduzca testimonio al principal testigo, el policía jubilado Pedro Mielgo, al considerar que faltó a la verdad. La razón es que solo él puede corroborar si Triana trató de ayudar a su madre tras tirotear a Carrasco. En caso contrario, el jurado solo conocerá su versión: que recogió el bolso con el arma pensando que era de su padre, inspector de Policía. Esta semana comparecerá éste, su primer abogado y los policías de Burgos que la interrogaron tras su detención. También el amigo del teléfono desde el que habló con su madre y Raquel antes y después del crimen.

- Raquel Gago: En manos de un controlador del ORA

La policía local se la juega casi todo a una carta. La absolución o enfrentarse a una condena de hasta 23 años de cárcel. La declaración esta semana de Julio, el controlador del ORA de León con el que hablaba cuando Triana llegó y le metió en su coche el bolso con el arma del crimen, es vital para ella. Raquel dijo que no se percató cuando su amiga abrió la puerta de su vehículo. También declararán los amigos y familiares a los que no dijo nada del bolso, pese a que pasaron 30 horas desde el crimen hasta que se dio cuenta de forma «circunstancial» y avisó a la Policía. Raquel afirmó que se quedó «bloqueada». Estas testificales marcarán en gran medida su devenir. También las periciales que sitúan su móvil junto al de las acusadas, en este plan compartido para cometer el crimen, según mantiene el fiscal.

Y podría llegar a pensarse que esa imagen aniñada que esta semana acaparó el protagonismo informativo en las crónicas de tribunales es una estrategia del abogado que defiende a madre e hija, José Ramón García García, para librar a Triana de la cárcel y que Montserrat, autora material y confesa del crimen, pague sola la pena por quitarle la vida a Isabel Carrasco.

Pero no. Triana es así. No ha conseguido romper el cordón umbilical que la une a su madre desde que nació hace 36 años. Es una niña consentida. Siempre le dieron -su padre, el comisario de policía Pablo Martínez, también- todo lo que pedía por la boca. Nació y creció rodeada de lujo e incluso hoy no se desprende de la ropa de marca. El día de su declaración, sin ir más lejos, apareció en la Audiencia con una parca que ronda los mil euros y sus botas no se calzan por menos de 200. También de marca, visible a los ojos de todos, la chaqueta deportiva de color negro que vestía bajo el chaquetón. Nada ha cambiado.

Coinciden algunos psiquiatras que la relación madre-hija es enfermiza. Dejando a un lado las explicaciones que esta semana ofreció Montserrat para justificar por qué mató a Isabel Carrasco, su mamá ha vivido por y para ella. Dijo, de hecho, que había matado por ella. Triana ha sido el centro de su vida, de ahí que a nadie extrañara que cuando se fue a estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones a Santander, Montserrat desmontara casa y vida para seguir sus pasos. Tampoco que una y otra salieran asiduamente, solas, de vinos y copas.

La otra mujer en su vida

Y algún psiquiatra llegó a apuntar que esa obsesión de la madre con la hija desencadenó en el odio visceral de Montserrat hacia Isabel Carrasco. Porque la presidenta de la Diputación de León fue la otra mujer en la vida de Triana, la que le abrió las puertas del mercado laboral, de un mundo nuevo en el que, inevitablemente, mamá no podía llevar de la mano a la niña. ¿Por qué la mató? Eso lo determinará la Justicia, pero Montserrat explicó que no soportaba ver a su hija así, sumida en una depresión después de que Isabel Carrasco le cerrara una puerta tras otra. ¿Móvil sentimental? Madre e hija, en el juicio, hablaron de un único episodio en el que la presidenta de la Diputación de León trató de besar a Triana. Después de aquello, del rechazo, dijeron, el cariño se tornó desprecio y persecución.

Entonces, en los peores momentos de Triana, mamá volvió a ser la única. Siempre juntas. Quizás hasta ahora. Porque si el jurado se convence de que Montserrat actuó únicamente empujada por el odio que profesaba a «la Carrasco», sola, sin la colaboración de su hija; si el tribunal echa por tierra, como han pedido las defensas de Triana y de Raquel Gago, el testimonio del héroe -hasta este jueves anónimo- que presenció y siguió los pasos de la autora confesa nada más acabar con la vida de su archienemiga, los caminos de madre e hija se separarán. Por primera vez. Cárcel para una y quién sabe qué para una niña que nunca ha caminado sola.