Melilla, epicentro del islamismo radical en España

Melilla, epicentro del islamismo radical en España

Las redes yihadistas surgen en un barrio marginal de población marroquí, junto a una mezquita de corte salafista

J. BLASCO DE AVELLANEDA MELILLA.

Melilla se ha convertido en el último año en el foco de la mayor parte de las detenciones en España vinculadas con el radicalismo islamista y con los grupos de apoyo al denominado Estado Islámico. Al menos cinco redes yihadistas han sido desmanteladas en los últimos doce meses en siete macrooperaciones policiales llevadas a cabo en diferentes ciudades, tanto españolas como marroquíes o belgas, cuyo epicentro partía siempre de este enclave español en el norte de África.

Los servicios secretos y los expertos antiterroristas llevan años avisando de la posibilidad de que Melilla, al igual que pasa con Ceuta, podría transformarse en el núcleo de la captación y adoctrinamiento de radicales islamistas en España debido a los graves problemas demográficos y migratorios derivados de su localización geográfica. La ciudad limita con la zona más pobre y subdesarrollada de Marruecos, el Rif, y sus fronteras se han convertido en uno de los principales puntos de entrada de la droga y la inmigración irregular a Europa.

Su población ha crecido un 60% en los últimos 25 años, triplicando el ritmo medio español, y eso sin contar con el alto índice de familias que residen en la ciudad autónoma de manera irregular, la mayoría de origen marroquí, cuya cifra se estima ya en unas 15.000 personas, lo que representa casi un 15% de la población total.

La estructura económica de la ciudad, basada en el funcionariado, el sector servicios y el contrabando, no permite integrar en condiciones aceptables este enorme crecimiento de residentes, lo que deriva en unas tasas de paro por encima del 30% que se mantienen con carácter endémico desde antes de la actual crisis económica.

El perfil de joven musulmán de origen marroquí sin trabajo y sin estudios se concentra en los llamados barrios periféricos de la ciudad, en donde el absentismo escolar, el analfabetismo, el paro juvenil, el consumo de drogas y la delincuencia están muy por encima de las medias española y europea.

El principal gueto dentro de esta periferia deprimida es el barrio de La Cañada de Hidum, antiguamente denominada 'la cañada de la muerte'. Es el segundo distrito más peligroso de toda Europa tras El Príncipe de Ceuta, según los índices de criminalidad. En el mismo corazón de este suburbio se encuentra la mezquita Al Salam (la paz), conocida coloquialmente como 'la mezquita blanca', a pesar de ser de color anaranjado.

De este centro religioso, de corte salafista, han salido todos los detenidos por yihadismo en Melilla en los últimos años. Aquí rezaban diariamente los seis apresados el 30 de mayo del pasado año, acusados de enviar combatientes al Sahel; o los últimos arrestados el pasado 24 de febrero, los hermanos Ismael y Belaid, que reclutaban a mujeres para el llamado Estado Islámico.

Policía y CNI vigilan Al Salam

Las fuerzas del orden y el Gobierno tienen claro que en Melilla, y concretamente en el entorno de la mezquita Al Salam, se dan todas las claves para el éxito de las labores de captación y reclutamiento dentro del islamismo radical.

En Ceuta se han incautado armas de fuego y material para fabricar explosivos y se tiene constancia del desplazamiento de muchos ceutíes, hombres y mujeres, a zonas de conflicto como Siria o Irak. Pero el perfil de Melilla es distinto. Es el conocido como 'perfil durmiente' o 'inicio del proceso de radicalización'.

La radicalización exige un proceso que se inicia con una afinidad ideológica a la causa yihadista que se consolida con la justificación de las acciones violentas, la asimilación de visiones radicales y la captación y el adoctrinamiento. Estos primeros estadios pueden desembocar en la perpetración de actos violentos, algo que en Melilla no se ha dado hasta el momento.

Denuncias de acoso

Y a esta ausencia de altercados y atentados se acogen los vecinos y familiares de los detenidos y los usuarios de la 'mezquita blanca'. El pensar mayoritario entre ellos es que las detenciones en Melilla son tan preventivas que cabe la posibilidad de que se estén llevando a gente que no sean yihadistas, sino que simplemente comulguen con una aplicación rigorista de la sharia (ley islámica) o con el apoyo de sus «hermanos musulmanes» que sufren guerras que creen injustas, algo por lo que, según ellos, no deberían ser privados de libertad.

Así piensa Ahmed Allal, cuyo hermano, Mustafa Allal, fue detenido el pasado mes de mayo como cabecilla de una red yihadista internacional: «No han matado a nadie ni tienen armas, no harían daño a una mosca. Sólo son personas normales que rezan en la mezquita, que llevan barba y que visten como musulmanes, pero no son yihadistas», comenta muy alterado.

Asegura que viven con miedo pensando quién será el próximo y que incluso hay gente que está dejando de ir a la mezquita Al Salam porque saben que todos los que rezan allí son vigilados por la Policía.

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