«A los rusos les gusta jugar»

Uno de los pilotos españoles del Eurofighter en Estonia se prepara para salir. :: efe/
Uno de los pilotos españoles del Eurofighter en Estonia se prepara para salir. :: efe

La joya de la corona del Ejército del Aire «está respondiendo» al frío de Estonia y a las «agresivas incursiones» de los aviones militares rusos

MATEO BALÍN AMARI (ESTONIA).

El capitán Tomás Ramos, de 31 años, se encoge de frío bajo una fina cazadora del Ejército del Aire. El mercurio está en negativo en Amari, una pequeña población al suroeste de Tallín, capital de Estonia. Y el viento polar anuncia nieve. Este oficial del Ala 11 destacado en Morón de la Frontera (Sevilla) explica con entusiasmo su primera misión en el extranjero. El bautismo de fuego, también, para el caza Eurofighter, la joya de la corona del programa de armamento y material del Ministerio de Defensa.

Hijo de un general de división del Ejército del Aire, el capitán Ramos es uno de los ocho pilotos de los cuatro Eurofighter que España aporta al destacamento militar Ambar, desplegado a 4.200 kilómetros de casa. Se trata de una misión de la OTAN meramente defensiva. Proteger el espacio aéreo de las repúblicas bálticas y Polonia de la «amenaza expansionista» de la Rusia del presidente Vladímir Putin. En marcha desde 2004, el operativo aéreo se ha reforzado tras el golpe de Estado y la posterior guerra en Ucrania de hace un año. Y los países miembros de la Alianza Atlántica aportan cada cuatro meses aeronaves de combate y uniformados en los citados países «para mantener a raya las agresivas incursiones» de los aviones militares rusos.

Estos aparatos cruzan desde San Petesburgo hasta Kaliningrado por un estrecho pasillo de poco más de 1.000 kilómetros de largo. El punto de aterrizaje es un enclave ruso de un millón de habitantes sin conexión territorial con el resto del país, base de la flota rusa del Báltico y fronterizo con Polonia y Letonia.

«La presencia de las aeronaves rusas en el espacio aéreo de las aguas internacionales del Báltico escapa normalmente al radar civil, porque muchas veces apagan sus transpondedores y otras no informan de su plan de vuelo. Mientras que los radares militares solo los detectan como una traza», comenta el jefe del destacamento, el teniente coronel Enrique Fernández Amber.

Es en ese momento es cuando entran en acción los Eurofighter. Un caza polivalente, bimotor y de gran maniobrabilidad estrenado en 2004. Después de la multitud de problemas de configuración de sus comienzos -le apodaban de forma irónica 'Churrofaiter'-, su presencia en esta misión marcará un antes y después para el consorcio europeo que ha desarrollado este programa. España se comprometió inicialmente a adquirir 87 aparatos por 9.254 millones, pero a finales de 2012 el coste previsto se había disparado hasta los 13.600 millones. De momento se han entregado unos 50 y están plenamente operativos la mitad tanto en la bases de Morón como en el Ala 14 de Los Llanos (Albacete). La última noticia es que se Defensa ha logrado refinanciar la deuda pendiente con sus productores hasta 2030.

«Durante cuatro años nos han preparado a conciencia en la Academia General del Aire. Hemos entrenado en simuladores y en vuelo real. Llevar un aparato así (el coste estimado por unidad ronda los 70-80 millones de euros) impone respeto, claro, pero para eso nos han formado», comenta el capitán Ramos.

«Contacto visual»

El área de cobertura de los aviones españoles destacados en el Báltico es de 80.000 kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a Castilla-La Mancha. Su trabajo se divide en dos partes: una semana caliente (alerta) y otra fría (semi-alerta y entrenamiento). Durante los siete días «calientes» dos de los cazas realizan dos misiones diarias. Están capacitados para despegar en menos de 30 minutos tras recibir un aviso. Desde el pasado 1 de enero han interceptado media docena de aviones militares rusos.

«Realizamos un contacto visual con el objetivo desde una distancia preventiva para identificar el tipo de aeronave. Ellos nos ven y entienden que deben cumplir con su plan de vuelo. No obstante, a los rusos les gusta jugar, pero momento no ha habido hostilidades», asegura Ramos, a los mandos de un aparato que alcanza una velocidad de 'Mach 2', dos veces la del sonido, equivalente a 2.450 kilómetros por hora.

El teniente Marcial Amor es responsable de mantenimiento. De los 114 efectivos del contingente, 70 son de este grupo. Los militares españoles en Estonia han vivido 15 grados bajo cero. Curiosamente el frío báltico sienta bien a la aviónica y los sistemas tecnológico del Eurofighter, incluso mejor que el calor andaluz. Un detalle importante: en este mes y medio solo ha habido un problema de mantenimiento.

Otra cosa es el palmo de nieve con el que a menudo se cubre el paisaje y toda la base. «Los estonios son los encargados de dar ese soporte y de mantener las condiciones de pista transitable. Están constantemente limpiando», afirma el teniente Amor. Cada una de las patrullas de un Eurofighter dura una hora y veinte minutos y consume 5.000 kilos de combustible (para hacerse una idea un helicóptero de Madrid gasta 180 kilos). Se estima que una salida de estas características, según la configuración, supone un gasto superior a los 40.000 euros.

Estas particularidades del C-16, como se conoce al caza, también hacen que la misión de Estonia sea el mejor escaparate para la futura venta de este modelo a terceros países y recuperar así la millonaria inversión realizada. El objetivo: los petrodólares árabes.