Rescatados y rescatadores, juntos: «Vimos que alguien se asomaba por la ventanilla y corrimos hacia él»

Rescatados y rescatadores, juntos: «Vimos que alguien se asomaba por la ventanilla y corrimos hacia él»
Justo Rodriguez

Ernesto Tubía y César Santamaría auxiliaron a los cuatro miembros de una misma familia que el lunes, por la tromba de agua, se quedó atrapada en su vehículo

CARMEN NEVOT

logroño. Ni se creen héroes ni protagonistas de una proeza sin precedentes. Hicieron «lo que cualquiera hubiera hecho» en las mismas circunstancias. Así lo sienten César Santamaría y Ernesto Tubía, dos vecinos de La Cava-Fardachón, que el pasado lunes auxiliaron a los cuatro miembros de un misma familia, Daniel Zamora, Deyanira Calderón, Daniela Zamora y Amelia Mora, que se habían quedado atrapados en el interior de su vehículo cuando el agua estaba a punto de cubrirlo por completo.

Fue una reacción espontánea de dos vecinos de Residencial Da Vinci que analizaban los desperfectos que la monumental tromba de agua había dejado en una joven urbanización que apenas tiene seis meses. La mujer de Ernesto Tubía les avisó desde la ventana. Había un vehículo atrapado bajo el puente. Salieron corriendo hacia el lugar y vieron el coche hundido y con gente dentro. «Había cuatro personas, un señor, dos chicas que estaban llorando y una señora mayor».

La persona de más edad, la abuela Amelia Mora, estaba en la parte de atrás del turismo y «las puertas estaban totalmente atascadas por el agua. Costó abrirlas, pero al final lo logramos y una vez que abrimos saqué a la señora», relata Santamaría. «Me agarró fuerte mientras yo le sujetaba con un brazo, el otro lo llevaba suelto por si me caía porque con el agua no se veía si había acera o no, todo fue muy rápido no hubo dramatismos ni nada», cuenta restando importancia a una acción que podía haber tenido consecuencia fatales. A los pocos minutos de que todos los ocupantes abandonaran el vehículo, no quedaba ni rastro de él. El agua lo había cubierto por completo.

Fuera de peligro, los rescatadores llevaron a las cuatro personas auxiliadas, que estaban «desubicadas y nerviosas», a un local social de la urbanización y ahí los vecinos les dieron toallas, ropas, termos y agua. Así permanecieron unas dos horas hasta que un taxi vino a recogerles y los bomberos lograron sacar el vehículo de la impresionante balsa de agua que se formó bajo el puente. Un hecho habitual pero que ayer alcanzó dimensiones desconocidas hasta ahora y que atribuyen a la mala urbanización de la zona.

Ernesto Tubía (izda.) y César Santamaría indicaban, ayer, el nivel que alcanzó el agua que cubrió el coche. ::
Ernesto Tubía (izda.) y César Santamaría indicaban, ayer, el nivel que alcanzó el agua que cubrió el coche. :: / Andrea Aragón

Ernesto Tubía es el otro protagonista de una historia que afortunadamente se quedó en anécdota. Estaba abajo, en la zona común de la urbanización, examinando los destrozos de la tromba de agua que había arrancado varias lamas del edificio y en cuanto su mujer les dio la voz de alarma acudió corriendo al lugar en el que se encontraba el coche, «un lugar que siempre se anega cuando hay tormentas y en el que se han quedado más coches atrapados, aunque esta vez había gente dentro». En ese momento «no piensas mucho, vimos a una persona que se asomaba por la ventanilla y echamos a correr porque no sabes las circunstancias, si hay niños o no dentro».

En el interior del vehículo, Daniela Zamora vivió esos instantes con una angustia mayor. «Quizá uno en los que más miedo he pasado», recordaba ayer a este diario. Los cuatro se dirigían a un centro comercial cuando la tormenta les pilló por sorpresa y al pasar bajo el puente de la N-111, que ya acumulaba algo de agua, el coche se paró. En esos primeros instantes todo era confuso y «pensaron -cuenta- que lo más seguro era quedarse dentro del coche». Pero el agua empezó a subir rápidamente y la alcantarilla en lugar de tragar agua «la rebotaba», así que desde el mismo turismo llamaron al 112. Mientras les daban las indicaciones del lugar, aparecieron César y Ernesto. El primero en salir fue su padre, lo hizo por la ventanilla, después ella, también por la ventanilla del piloto, y después, tras lograr abrir las puertas de atrás, su madre y su abuela Amelia, a quien sacó César en brazos. Afortunadamente y gracias a la intervención de sus rescatadores, todo quedó en un susto mayúsculo, una pesadilla que apenas duró cinco minutos, los que le costó al agua tragarse el coche.

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