Viajar para concienciar

Jaime Ibáñez Ruiz posa con un grupo de alumnos del centro de Giasnogor. :: L.R./
Jaime Ibáñez Ruiz posa con un grupo de alumnos del centro de Giasnogor. :: L.R.

Jaime Ibáñez ha trabajado como voluntario en un colegio de Bangladesh enseñando a los hijos de los campesinos del té

DIEGO MARÍN A.

Mientras la mayoría de sus compañeros del centro educativo Maristas San José de Logroño acudían como voluntarios a Guatemala, el profesor de Geografía e Historia Jaime Ibáñez Ruiz eligió como destino Bangladesh. Primero, porque ya había acudido a Guatemala el año pasado y quería vivir y conocer «algo completamente diferente», y después porque «toda la vida he estado en el campo, provengo de una familia agrícola, y me llamaban la atención los campesinos del té».

Del 4 de julio al 3 de agosto ha estado trabajando como voluntario en un colegio de Giasnogor, sobre todo ayudando con clases de apoyo por la mañana y promoviendo actividades de ocio por las tardes, fundamentalmente la práctica deportiva. Los internos del centro educativo eran hijos de los recolectores de las hojas del té y organizaban viajes los fines de semana para acudir a ver a sus padres. «Me llamó la atención el proyecto, ya que es una escuela multiétnica y multicultural dentro de un país mayoritariamente musulmán. Había de todo, musulmanes, hindúes, católicos... y se intentaba fomentar la unión. Me encontré algo mucho más diferente de lo que esperaba», confiesa.

Lo que menos le gustó de Bangladesh fue el clima «nada agradable», con más de 30º diarios y más de un 80% de humedad, que provocaba una sensación de calor mayor todavía. Por lo demás, la experiencia no ha podido ser más positiva. «Me llamó la atención el respeto que tienen allí por los mayores y también por los extranjeros, se acercan a ti y te preguntan de dónde vienes, si se pueden hacer una foto contigo. Un día fui a una peluquería y me querían colar directamente, algo que a mí me cohibía», reconoce Jaime.

«Me llamó la atención el respeto que tienen por los mayores y por los extranjeros»

Este joven profesor riojano de 30 años expone que en su mes de estancia en Bangladesh ha estado «a gusto y feliz porque la educación es gratificante». «Cuando estaba allí sabía que iba a regresar a casa, fui a ayudar y al final recibes más de lo que das, sobre todo mucho cariño y sonrisas», destaca Jaime, sin olvidar que «no voy a salvar el mundo, pero si puedo concienciar a la sociedad, mejor».

Su labor allí, una vez más, le ha hecho «valorar más cosas como la familia o el estado de bienestar del que disfrutamos, porque allí a las mujeres les pagaban unos 81 céntimos al día por su jornada de trabajo, la pobreza es abismal», subraya Jaime. Para el futuro ya piensa en acudir a Kenia para continuar su trabajo de voluntariado por el mundo.

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