Tajos no aptos para cualquiera

José Miguel Soto y Cosmin Petru, posando con todo su equipo de escalada a los piés del edificio. / Antonio Díaz Uriel

José Miguel Soto y Cosmin Petru, de la empresa Euroalturas, reparan la fachada de la Torre Blanca de Logroño | Con la seguridad como primordial premisa, dos obreros trabajan en altura en el edificio más alto de la capital riojana

Miguel Martínez Nafarrate
MIGUEL MARTÍNEZ NAFARRATELogroño

Unos 70 metros. Más o menos. Eso es lo que mide la fachada más alta del edificio Torre Blanca de Logroño en la punta oeste de la Gran Vía. Veinte pisos, más entreplanta, más un muro de unos tres metros en la terraza... «Sí, unos 70 metros», explica José Miguel Soto, uno de los trabajadores que está reparando la fachada del edificio. Pero no está solo. Una labor de este tipo se hace por parejas. José Miguel es campeón de España de Espeleología y acaba de ganar el título de técnicas de autosocorro en Cuenca.

Sus manos vuelan cuando explica cómo realizar algunas maniobras de ayuda manipulando los herrajes de su arnés. Los rocódromos de Prado Salobre y el Adarraga son como su casa. Enseña técnicas de escalada y compite.

Para un trabajo como éste la seguridad es lo primero. Le acompaña Cosmin Petru, un tipo grande. Contrasta con José Miguel. Este rumano era bombero en su país y ahora ha encontrado en este trabajo un acomodo a su amor por la adrenalina.

Un espeleólogo y un exbombero reparan la fachada del edificio Torre Blanca suspendidos de una cuerda

El edificio Torre Blanca les ha exigido comprar cuerdas nuevas debido a las largas tiradas. Las más largas son de 200 metros y las han cortado en dos. Todo va por pares. Una, la de presión, sujeta el cuerpo del operario y la otra, la de seguridad, ofrece una alternativa en caso de apuro.

Antes de descolgarse se miran el uno al otro para ver si todo está en orden. En caso de peligro hay siete minutos fatídicos en los que cada segundo cuenta si un compañero está en apuros en suspensión.

Relleno de juntas

Marcan y rellenan las juntas de las losas del icónico edificio. Llevan una temporada, pero en fases intermitentes. Ahora el trabajo cobra una dimensión más espectacular con las labores en el tramo más alto.

La planificación es clave para trabajar en descenso y no tener que remontar. Se revisan visualmente las piezas, luego se aplica el relleno de juntas y se limpia de material sobrante... «Es más barato que preparar un andamio. Hombre... de no tener que cambiar todas las losas... y no es el caso», precisan. «Ahora se trata de verificar que todo está bien, que las piezas no se mueven y que las juntas están estancas y el agua no se mete comprometiendo la seguridad de la fachada».

Las tareas en altura, sin ser tan espectaculares como la de hoy, se han extendido y las empresas de este tipo son requeridas para trabajos como la instalación de sistemas antipalomas, redes, trabajos en patios, chimeneas, campanarios, limpiezas de silos, instalación de 'líneas de vida', cursos de prevención de riesgos... «¿Aburrido? En este trabajo pocas cosas son aburridas». Lo piensan un momento y coinciden al afirmar que «un día de lluvia es aburrido porque dedicas el tiempo a ordenar el material... La climatología nos condiciona bastante. Los días de viento, por ejemplo, mírame a mí, soy pequeño y enseguida hago péndulo», explica José Miguel. «Los días de mucho calor tenemos que preocuparnos de llevar agua, pañuelos... «¿Miedo? No. No pasamos miedo. Sí que nos preocupa la seguridad de la gente que pase por debajo. Nuestros riesgos están más o menos controlados», relatan.

 

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