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Cómo vivimos aquellos maravillosos sanmateos

Eugenio de la Riva, en la boca del Tragantúa. :/Justo Rodriguez
Eugenio de la Riva, en la boca del Tragantúa. : / Justo Rodriguez

Un alcalde, un concejal de Festejos, una funcionaria del Ayuntamiento, un peñista, un músico, un periodista y un hostelero del Laurel recuerdan sus fiestas de San Mateo de la segunda mitad el siglo pasado en Logroño

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

Los chamizos abiertos al público, la feria de las flores y del vino, las verbenas, conciertos con «artistas de primera línea» y «una feria taurina con categoría» son algunos aspectos que los logroñeses veteranos echan de menos en las fiestas de San Mateo. Aunque coinciden en destacar, siempre, el buen ambiente.

«Las fiestas de San Mateo son más multitudinarias ahora, pero siguen siendo igual de entrañables», declara Manuel Sainz Ochoa, de 71 años, alcalde de Logroño de 1983 a 1995. A él siempre le llamó la atención «la transformación de la ciudad en apenas una hora; llegabas al Ayuntamiento en una mañana normal de principio del otoño y, tras el chupinazo, ya no había tregua, era otra». Asegura que el programa festivo, con su cargo político, «era agitado pero agradable, yo me dejaba llevar porque siempre había algo que hacer, que visitar». Y destaca en sus doce años como alcalde «muchos cambios» en consonancia con la transformación social del país. La incorporación de las peñas, que «juegan un papel fundamental», o la recuperación de los encierros de Portales, «recuperando la tradición renacentista», son algunos de los cambios más destacados, pero Sainz Ochoa subraya otro más: «Cuando empecé como alcalde se elegía a la Reina de la Fiesta de la Vendimia y, cuando acabamos, ya teníamos a la pareja de Vendimiadores».

De alguna manera le sucedió Eugenio de la Riva, concejal del Ayuntamiento de Logroño durante dieciséis años, atendiendo áreas como la de Festejos. A sus 72 años presume orgulloso de que fue «el primer concejal que tiró el cohete, porque me cedió el honor Julio Revuelta; hasta entonces siempre lo habían disparado los alcaldes». Asegura que él siempre ha vivido las fiestas con colectivos, antes de entrar en política, como presidente del Consejo Provincial de Jóvenes. Reivindica De la Riva «un cambio total en las fiestas de San Mateo cuando entré yo en Festejos: recuperé las verbenas, sobre todo en El Espolón y llevé el programa a todos los barrios. También recuerda que «casi no había dinero para los fuegos artificiales».

La Reina de las Fiestas dejó pasó a los democráticos Vendimiadores Avenida de la Paz se cortaba por la cantidad de público en los conciertos

De la Riva confiesa que «nunca he ido al pisado de la uva porque mi misión era estar con los colectivos, no como ahora que todos los concejales van a rebufo de la alcaldesa». El exedil de Festejos admite que «lo más desagradable» que recuerda fue «la suspensión del concierto de Isabel Pantoja; hubo que volverse loco la sustitución». Y es que, recuerda Eugenio, en su época «venían todos los días artistas de primera línea, traía a los mejores y se tenía que cortar avenida de la Paz de la gente que acudía a verlos, no como ahora, que ni siquiera hay conciertos todos los días en el Ayuntamiento». Los Sabandeños, Azúcar Moreno y Juan Pardo son algunos que recuerda con «orgullo».

Tanto con Sainz Ochoa como con De la Riva ha trabajado Elvira Marín, funcionaria (jubilada) del Ayuntamiento de Logroño durante 45 años, la mayoría de ellos en el área Festejos. Ha trabajado, de hecho, con ocho alcaldes. Durante los últimos 20 años era la 'gestora' de las fiestas de San Mateo. Y estas serán sus primeras fiestas como ciudadana de a pie puesto que, tras jubilarse hace dos años (ahora tiene 65 años), aprovechó para viajar, «aunque siempre me acordaba del momento del chupinazo». «Los San Mateos de los años 70, cuando yo entré a trabajar en el Ayuntamiento, no tienen nada que ver con los de ahora porque Logroño tenía la mitad de población y sólo existían dos barrios: Yagüe y Varea», expone Elvira.

El exalcalde de Logroño Manuel Sainz Ochoa baila en la peña Aster, en 1988.
El exalcalde de Logroño Manuel Sainz Ochoa baila en la peña Aster, en 1988. / L.R.
Peñistas de La Rondalosa posan durante unas fiestas de los primeros años 80. ::
Peñistas de La Rondalosa posan durante unas fiestas de los primeros años 80. :: / Peña La Rondalosa
De pie, a la izquierda, Manolo González atiende al brindis de Pereda en el 2008.
De pie, a la izquierda, Manolo González atiende al brindis de Pereda en el 2008. / M.G.

De aquellos programas destaca, sobre todo, que había verbenas, comparsas de gigantes y cabezudos, muchos visitantes franceses que venían de la hermanada Dax y folclore, impulsado por la entonces edil Nieves Sainz de Aja. A pesar del escaso presupuesto, subraya Elvira que se podían ver «artistas de primera línea en aquella época, como Mocedades». Recuerda con «inquietud» el traslado de los fuegos artificiales en 1975: «Antes se lanzaban en El Espolón y cuando los cambiamos no sabíamos si la gente iba a responder, porque entonces la ciudad vivía de espaldas al río». Lo que ella siempre intentó impulsar fue el teatro de calle «para la gente que no tenía recursos». Anécdotas, reconoce, ha vivido muchas, pero «al estar tanto tiempo ya todo me parecía normal».

En los 60 empezó a actuar en chamizos y peñas Julián Santamaría con su grupo Los Átomos, aún en activo y que tocará de nuevo en San Mateo. Después llegaron las salas Atenea, Duval, Clipper, Sarao, Rex... «Echo de menos los chamizos. Todas las cuadrillas teníamos uno, como Los Formales, Los Rebeldes... Era muy distinto a ahora», rememora Julián. Entonces acudía a ver los conciertos de los grupos de moda que actuaban en Logroño, como Los Brincos, Fórmula 5, Los Sirex y «orquestas muy buenas».

Jesús Leorca tiene 60 años y es miembro de la peña La Rondalosa desde su fundación, hace 44 años y lleva otros 40 en la organización del festival de jotas. «Logroño ha cambiado mucho como ciudad, pero la esencia de las fiestas es la misma, que en la peña es hacer disfrutar a la gente», opina. Eso sí, Jesús detalla que, años atrás, «la fiesta se vivía de otra manera, las cuadrillas hacían chamizos abiertos a todo el mundo, con zurracapote, verbena... y vestían blusas distintivas, como las de Los Venus y Los Duendes. «Al final de República Argentina había una feria de las flores y del vino a la que iba mucha gente, al lado de las barracas», recuerda. Y es que, antes incluso de que la feria de atracciones se alojase en lo que hoy es, precisamente, la plaza de la Vendimia, se situaba donde hoy están el colegio Las Gaunas y la guardería Chispita. Además, «los fuegos artificiales se lanzaban entre los dos puentes», el de Piedra y el de Hierro, «y las carrozas eran artesanales, venían de muchos pueblos a desfilar». «No sé si las de ahora son mejores o peores, pero siempre recuerdas las de antes con nostalgia, aunque yo las vivo con la misma ilusión», asegura Jesús, quien sí echa de menos las verbenas que se celebraban en el parque Gallarza.

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Manolo González ha ejercido de locutor de radio en Logroño durante más de 30 años y presentó el acto institucional del pisado de la uva durante casi el mismo tiempo. En su caso, confiesa que «vivía intensamente las fiestas, pero taurina y radiofónicamente, con programas de mañana y de noche y con tertulias, así que tenía poco tiempo para disfrutar del programa». En lo que respecta a los toros es claro y contundente: «Cualquier tiempo pasado fue mejor. Aquí venían todos los críticos nacionales y hasta gente de Francia porque había un ambiente extraordinario, aunque era, y sigue siendo, una plaza de segunda, entonces tenía categoría, los carteles que se presentaban eran con primeras figuras y ganaderías de prestigio, con seriedad». Ahora, en cambio, para el periodista, la feria matea «ha ido degradando de tal manera que a mí no me interesa y no voy a estar ni en Logroño».

«El público es aplaudidor, no exigente. Ahora se viene a Logroño a comer, por la gastronomía, y después se va a los toros, que ya es algo secundario», subraya Manolo González, quien rememora con añoranza la presidencia de las corridas que ejercían Mariano Frías, Félix Cámara y José Antonio del Real. En el 2008, cuando se jubiló y dejó de presentar el programa 'Alamares' de Radio Rioja, el diestro Miguel Ángel Pereda le brindó un toro en La Ribera.

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