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TOROS, PELOTA Y BARRACAS

EDUARDO GÓMEZ

Desenterrar recuerdos de viejos sanmateos es una tarea relativamente sencilla para quien los ha vivido aunque para ello haya que echar mano a progamas festeros que tanto se prodigan como disculpa para que los editores, generalmente las peñas festivas, saquen algunas perrilllas para sufragar el zurracapote.

De lo primero que uno echa en falta es de aquellos Juegos Florales que se celebraban solemnemente en el Teatro Bretón donde un vate destacado exaltaba la figura de la dama escogida como Reina de la Vendimia, generalmente una guapa señorita perteneciente a un familia distinguida de la Rioja. Al finalizar el acontecimiento se formaba un cortejo que se desplazaba hasta los jardines del Gran Hotel o al Círculo Logroñés, con general expectación femenina en los aledaños.

Al margen del acontecimiento cultural, el programa festero se sustentaba en las ferias taurinas, en las de pelota y en las barracas. En el primer caso con la presencia en el coso logroñés de Manolete, después del Cordobés, que arrastraban a muchos espectadores formando interminables filas ante las taquillas que se instalaban en la Plaza de Abastos, esquina con Sagasta. En cuanto al tema de la pelota se hacía notables los partidos que programaban en el desaparecido Beti-Jai, que hacían las delicias de los aficionados que llegaban de nuestros pueblos.

Resulta obligado recordar la organización de una feria de muestras, que se instaló en el Instittuto Sagasta con presencia de la industria local, llamando la atención una máquina automática para fabricar sobres que presentó Torrealba y Bezares, así como la de una acreditada fábrica de embutidos que metía por un orificio cochinillos y por la parte posterior salían rastras de chorizos, en ambos lados de mentirijillas.

En cuanto al popular ferial instalado en la Glorieta del doctor Zubía con el circo Corzana, Teatro Argentino, autos de choque, la caseta del vino de Cariñena y las de tiro al blanco con flechas o perdigones formaban la gran atracción festera con entretenimientos para todas las edades; como las casetas de los chinos, llamadas del serrín, porque entre esas virutas las chavalitas encontraban sortijas baratas. Como anécdota, la de una caseta de tiro en la que había futbolistas de madera donde tropezaba el balón que impedía que entrara en la portería. No faltaban gamberros que disparaban a los futbolistas de madera dejándolos mutilados, un problema que el feriante solucionó encargando que se los hicieran de aluminio en una fundición que existía en Duquesa de la Victoria.

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