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ALGO TENDRÁ CAMBIAR, ESTO NO FUNCIONA NADA BIEN

Público en la plaza en la última feria matea. :: justo rodríguez
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Público en la plaza en la última feria matea. :: justo rodríguez

JUAN CRUZ GASTÓN - MI PUNTO DE VISTA

Algo tiene que cambiar en la feria matea porque no funciona bien. No pretendo ser agorero, no lo soy, pero mirando la realidad, si en cuatro corridas normales, con 12 matadores de toros, de primera y segunda fila, se han cortado ocho orejas, algo no funciona bien. Si, además, consideramos que salvo la corrida de Victorino Martín, la única que se puede considerar como torista, el resto eran de las llamadas comerciales, ya me contarán. Se podrá aducir que el número de trofeos pudo haber sido superior, cierto, pero es que las faenas a los toros empiezan cuando salen por la puerta de toriles y terminan cuando los llevan al desolladero y la espada -menos mal que sigue siendo así-. Todo cuenta a la hora de las valoraciones.

En general y salvo excepciones, las corridas han sido un fiasco, salvo la de Victorino, que sin ser de 'allavaló' tuvo comportamiento de corrida brava. En el resto, además de presentaciones de plaza de tercera, el juego dejó mucho que desear, la mayoría de los toros fueron terciados y la mayoría se dejaron las fuerzas y la buena casta en las dehesas. Sin temor a equivocarme, digo y diré que gracias a toreros como Ponce, Ferrera, 'El Juli', no se devolvieron más de cuatro toros o toretes, que más parecían utreros que cuatreños. Exigencias de las llamadas figuras (Ponce, 'El Juli', Manzanares y también incluyo a la nueva estrella que luce en el firmamento taurino: Andrés Roca Rey, que parece que se deja querer por los halagos de sus muchísimos seguidores que son legión). Será sus buenas condiciones (está cada día que pasa más en figura) y la chispa que tiene con su conexión con el gran público y con muchísimos aficionados de toda la vida. Es evidente que Logroño no es lo que era hace treinta años. Ni parecido, no sé de quien será la culpa, la tendremos todos, para que los aficionados hayan ido marchándose del coso de La Ribera, además de la crisis que hemos padecido y que es muy posible que volvamos a padecer muy pronto otra vez, sobretodo en España, para que esto se enderece. De ser una plaza torista, mitad y mitad, solía poner la empresa Chopera, a estar como estamos, tres súper comerciales y una con menos público, que las de las figuras, que nos dejó con la miel en los labios a los que queremos ver el toro de lidia en su verdadera dimensión, bravo o manso, fiero y noble, pero esos toros, que tantos hemos visto esta feria matea, con menos fuerzas que una escopeta de corcho, eso es demasiado. No creo que sea el camino, como estamos hay poco futuro. Los empresarios, todos, tendrán que ponerse las pilas, los toreros también. Mucho decir que aman la fiesta, pero siempre, que casualidad, se apuntan a las corridas blanditas, que de vez en cuando, sale un toro bravo. Menos palabrería en declaraciones toreras y más arrimar el hombro a la realidad.

Entre los destacados, toreros de a pie y a caballo, en primer lugar, nuestro paisano Diego Urdiales, que estuvo hecho un tío en dos de sus tres toros (primer y último) y se le fue el triunfo grande por la espada, él que la maneja muy bien. Otro destacado, con lo que se apuntó, fue el 'sabio' Enrique Ponce. En otras manos seguramente se hubieran ido al corral sus dos toros. De 'El Juli' podemos decir lo mismo, toritos que no dieron el juego que, seguro, esperaba el madrileño. Escribano, con la única corrida importante de la feria, destacó en sus dos toros. Si hubiera matado a la primera en lugar de una oreja hubieran sido dos. Por poco la corrida de rejones iguala al resto de la feria en cuanto a trofeos, porque en cuanto a calidad le superó con creces. Seis orejas, tres y tres, para Pablo Hermoso de Mendoza, colosal en su primer toro, y la francesa, Lea Vicens, aunque, la verdad, bajo mi punto de vista, no tiene color la comparación. Muy bien, pero que muy bien estuvo Guillermo Hermoso de Mendoza en su primero. El descabello impidió que le cortara las dos orejas a su primer buen novillo. En cuanto a la autoridad y el público, con muchos más aciertos que errores los primeros. Lo de la devolución del sexto torete de la tercera corrida se podía haber ido a los corrales por alteración de orden público, por 'invalidez' varios más tendrían que haber seguido el mismo camino. El público es soberano, pero es sorprendente como estuvo de acuerdo casi toda la plaza para meterse con el presidente.

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