https://static.larioja.com/www/menu/img/logrono-san-mateo-desktop.jpg

En los años 70, la Laurel «era más de los riojanos»

Diego Martínez, en la barra de La Taberna del Laurel. /Antonio Díaz Uriel
Diego Martínez, en la barra de La Taberna del Laurel. / Antonio Díaz Uriel

Diego Martínez, con 48 años dedicados a la hostelería en la emblemática calle, recuerda cómo se trabajaba antaño

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

Diego Martínez Antoñanzas lleva 48 de sus 62 años dedicados a la hostelería. Nacido en la Ruavieja de Logroño, primero empezó a ayudar a su padre, 'El Chato', en el bar Daniel de La Laurel; y después de casarse con Concepción Ribera se trasladó a trabajar en el establecimiento de su suegro, lo que hoy es La Taberna del Laurel. En el Daniel su especialidad eran las cazuelitas de asadurilla, caracoles, patitas y callos y en la Taberna del Laurel lo más típico son las patatas bravas que se llevan sirviendo desde el año 1969. «No las hemos cambiado, pero sí la variedad de pinchos en barra», asegura Diego Martínez.

Lo que sí ha variado, afirma, es la Laurel. «Antes había otro ambiente distinto, ahora en unas cosas hemos ganado y en otras hemos perdido», expone. Por ejemplo, Diego recuerda que antes en la calle del Laurel existían comercios, no sólo bares, había una golmajería, una tienda de zapatos, otra de alimentación... «era más de los riojanos», mientras que ahora sólo hay bares. «Antes aquí sólo estábamos unos veinte bares como mucho, era más familiar todo porque los fuegos artificiales y las verbenas se hacían en El Espolón», recuerda. Y también señala que antes las fiestas siempre empezaban en torno al día 20, por lo que «todo el mundo sabía cuándo era el día de San Mateo, que generalmente era al día siguiente del cohete, no como ahora, que se empieza el 15 y no se sabe cuándo cae».

En cuanto al ambiente festivo que se vivía en la emblemática calle del Laurel de Logroño, Diego rememora con cierta nostalgia que «bajaban de los pueblos a ver los toros y los encierros, y también a las barracas, que tenían mucho atractivo, pero ahora, con los controles de alcoholemia, no hay quien se atreva». Y es que en la Laurel siempre se vendió «mucho vino, había mucho chiquiteo».

«Antes aquí sólo estábamos veinte bares, como mucho; era más familiar»

«Había peñas con hasta 100 personas que animaban mucho la calle»

«También había peñas con hasta 100 personas que animaban mucho la calle y se juntaban aquí, después de comer, a tomar café antes de ir a los toros», señala Diego Martínez. Ahora, es verdad, la Laurel no es tanto un refugio gastronómico local sino un auténtico reclamo turístico, muchas veces masificado y que puede hasta repeler a los propios logroñeses. «Antes no era así, lo de los bares era otra cosa. Ahora han entrado franquicias... En unas cosas hemos cambiado para bien y en otras, para mal», insiste.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos