Un 'voto' que bien merece hacer cola

Las colas se extendían aquí y allá y, llegados al reparto, se convertían en filas. :: j. m./
Las colas se extendían aquí y allá y, llegados al reparto, se convertían en filas. :: j. m.

Logroñeses y visitantes esperaron en fila disciplinadamente por los alrededores del Revellín a fin de cumplir con la tradición

JAVIER CAMPOS JUAN MARÍN

El voto es el voto». La sentencia de un conocido, acompañado por su familia, mientras avanzaba lentamente por Bretón de los Herreros camino del Cubo del Revellín para hacerse con su alevín de trucha, su bollito de pan y su jarrito de vino vuelven a ponerlo de manifiesto. El voto es el voto, siempre lo ha sido, y bien merece hacer cola. Logroñeses y visitantes esperaron en fila disciplinadamente por los alrededores de las murallas a fin de cumplir con la tradición.

Y qué tradición. «Impresionante. Me ha gustado todo: desde el mercado a las representaciones y recreaciones, al reloj del Santo y ahora esto. No había visto nada igual». Cefe, un granadino de turismo, se refería a su primer San Bernabé pez, pan y vino en mano. Lo hacía junto a su pareja, una de las cinco hermanas logroñesas presentes -de un total de siete-, así que como para decir algo malo.

«Logroño es una maravilla en fiestas, no entiendo cómo algunos se van de la ciudad. ¡Viva Logroño! ¡Viva San Bernabé!», espetaba un solitario comensal encaramado a lo alto de la tribuna que estos días se ha llenado hasta la bandera para asistir a todas y cada una de las escenificaciones del Sitio de Logroño en el espacio que a partir de hoy volverá a ser aparcamiento. Cosas del voto, con el que Logroño cumple solo o acompañado.

Lorenzo Cañas, a los mandos en la zona de fritura, posaba orgulloso con profesores y alumnos de la Escuela de Hostelería de Santo Domingo de la Calzada. «De lo mejor que hay, en mi época esto era un sueño», aseveraba el 'cocinero', pendiente de todo. ¿Habréis tomado ya el pez, no?», preguntaba una y otra vez a los que iban y venían alrededor de los fogones. Y es que, en cada esquina de lo vivido ayer en torno al reparto, quedó claro que el voto es el voto.

«Llevo toda la vida viniendo. Recuerdo cuando los peces aún se pescaban en el Ebro, pero claro... aquello al parecer no pudo seguir siendo por la contaminación del río. Desde que los cambiaron, eso sí, saben riquísimos. Mientras pueda, seguiré viniendo», decía una señora que volvía a casa «con un par de bollitos para los nietos» y que decía haber salido a primera hora para tomar el pez «sin tanta gente como pasa luego» y, así, «poder ir a misa con tiempo, que también me gusta».

Las colas, de hecho y según fue pasando la mañana, se extendían aquí y allá poniendo en evidencia que Logroño estaba de celebración. «Hay que cumplir, aunque haya que esperar y en ocasiones no poco», decía un grupo en el que mayores y pequeños guardaban turno con el mejor de los humores.

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