Un mercado que no envejece

El mercado renacentista es una amalgama de colores, sabores y olores en la que tampoco falta alguna que otra curiosa atracción como el carrusel de la plaza del Mercado. :: díaz uriel/
El mercado renacentista es una amalgama de colores, sabores y olores en la que tampoco falta alguna que otra curiosa atracción como el carrusel de la plaza del Mercado. :: díaz uriel

Artesanía y productos gastronómicos llenan el mercado renacentista ubicado en varias calles del Casco Antiguo de Logroño Numerosos puestos recrean cómo era el comercio en la época del asedio

GEMMA BENITO/ E. B. LOGROÑO.

Las calles del Casco Antiguo de Logroño echan la vista atrás y se disfrazan del siglo XVI durante estos días de fiesta. Decoración y vestimenta se adecuan al paisaje. Los productos, también. La artesanía impera en los numerosos puestos establecidos en la plaza del Mercado, de la Oca o de Santiago. En los recovecos de la calle Barriocepo, principalmente, gastronomía.

Los productos hechos a mano son de gran variedad: desde utensilios de cocina hasta bolsos o diademas. Todo el género crea una perfecta sintonía con la rememoración de cinco siglos atrás. El color madera y el barro de la alfarería contrastan con tonos más llamativos de los dulces tamaño XXL, ambientadores y jabones o juguetes para los más pequeños. Pero también hay sitio para el embutido, tanto local como foráneo. Pilar, de Logroño, acude al mercado en busca de «lo tradicional, lo bueno, lo auténtico de pueblo» que es a lo que está acostumbrada.

Cruz está al otro lado del mostrador y ofrece sus productos gallegos a todos los viandantes que se acercan hasta su puesto. Sus ventas dependen del público: «se vende mucho la tarta de queso, depende un poco del tipo de cliente, pero por lo general, en cuanto a venta, habitualmente todo». Por su parte, José Manuel lleva varios años mostrando en este mercado renacentista su gran variedad de productos artesanos: «Hay para cocinar, cosas de jardinería, cosas de otros usos, otras más artesanales, de todo». Además, se queja de que hasta hace poco «no se le daba importancia a lo artesanal, nos trataban como si fuéramos revendedores». El secreto, estar toda la vida en ello y meter muchas horas. En su misma línea habla Amaya, que ofrece utensilios culinarios pero de procedencia navarra. «Lo hacemos todo nosotros y es completamente artesanal, nos tiramos todo el año trabajando para que al llegar el buen tiempo se pueda salir de feria a ofrecer estos productos», relata. Al igual que José Manuel, Amaya también hace hincapié en la importancia de valorar todo el trabajo que estos productos implican y que muchos no valoran.

Los productos artesanales que se ofrecen son de gran variedad: desde utensilios de cocina hasta bolsos

Como distracción ante tanto producto, sobre todo para los niños, hay dos zonas diferentes dotadas con juegos de aspecto también tradicional, como, por ejemplo, un parchís cuyas fichas son trozos de rama pintada de los diferentes colores o un pinball hecho con hilo y clavos. Hay también un carrusel, que no destaca por su ornamentación ni por sus grandes dimensiones y que mantiene el ambiente de lo tradicional haciendo la delicia de los más pequeños.

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