Logroño pone al enemigo mirando a Francia

Defensores de Logroño y soldados franceses se enfrentan cuerpo a cuerpo en la tercera jornada de la Recreación del Asedio/Antonio Díaz Uriel
Defensores de Logroño y soldados franceses se enfrentan cuerpo a cuerpo en la tercera jornada de la Recreación del Asedio / Antonio Díaz Uriel

J. Sainz
J. SAINZLogroño

Con el rabo entre las piernas, en 1521 los franceses tuvieron que salir de Logroño a la carrera. Habían venido a por lana y salieron trasquilados, perdiendo las calzas camino de Pamplona y hasta la vida de regreso al país galo. Su honra había quedado a orillas del Ebro para alimento del hambriento orgullo de la muy noble y muy leal plaza defensora de Carlos I. Contra pronóstico, los heroicos logroñeses salieron entonces victoriosos del asedio y desigual batalla. Y casi quinientos años después, cuando la ciudad recuerda mejor la leyenda que la propia historia, festeja aquellos sucesos con ambientación de época, vistosas recreaciones, combates incruentos, sables, pólvora, tambores y mucho espíritu festivo. Si Logroño resistió entonces, hoy lo celebra por todo la alto.

Ante abundante público, el parque del Ebro ha sido escenario a mediodía de este domingo del tercer capítulo de la Recreación del Asedio, uno de los actos del programa de fiestas de San Bernabé que discurre durante varias jornadas y vertebra en buena medida su contenido historicista.

En la primera jornada, la del viernes, la inauguración del mercado renacentista, que ocupa con decenas de puestos ambulantes y productos artesanales buena parte del casco antiguo, situó la ciudad a principios del siglo XVI. Ese mismo día, la celebración del Concejo Abierto en la iglesia de Santiago comenzó el relato escenificado de los acontecimientos históricos: tras la victoria en Pamplona y Los Arcos, las tropas francesas al mando del general Asparrot han llegado a las puertas de Logroño y sus habitantes, reunidos en asamblea en torno a don Pedro Vélez de Guevara, deciden no entregarse, combatir, esperar refuerzos y, si es preciso, sacrificarse hasta el fin.

Programa de actos

En la segunda jornada, los enfrentamientos armados a las puertas del Revellín, las escaramuzas a uno y otro lado de la muralla, el cerco y el hambre a que se ven sometidos los defensores de la ciudad parecen decantar la victoria del lado del ejército invasor. Pero Logroño resiste y lo hace con un empecinamiento que irrita a los franceses, todavía demasiado soberbios como para dudar de la victoria. Confiado en sus fuerzas, Asparrot pospone para el día siguiente el ataque definitivo. Vélez de Guevara sabe que su única esperanza es el duque de Nájera, que avanza desde Burgos bien armado para socorrer a Logroño. El capitán conoce el arrojo de sus vecinos y su única duda es si los refuerzos llegarán antes de encontrarse un cementerio numantino.

Así de feas están las cosas al amanecer ayer la tercera jornada: pero es cuarenta de mayo y los logroñeses van a quitarse el sayo y hacer que los gabachos pierdan algo peor.

Todos los héroes del Revellín

Una del mediodía, junto a la chimenea del parque del Ebro, el público rodea el campamento francés esperando el choque que hacen posible decenas de voluntarios de varios colectivos: Héroes del Revellín, Club de Tiro de Logroño, luchadores de Rioja Medieval, voluntarios del Sitio de Logroño, Guardia de Santiago, Mon Teatro y 'las tropas invasoras' de Musical Sport e Imperial Services. «Para nosotros es un orgullo participar en estas recreaciones que ayudan a dar a conocer la historia de Logroño y forman parte del programa festivo», comenta uno de los participantes.

Entre todos hay un considerable despliegue de efectivos dispuestos para el combate en uno y otro bando, armas y armaduras, tiendas de campaña, unos pocos caballos y muchas aves rapaces, pelotones dispuestos por uno y otro lado, mosquetes, grandes picas, espadas, espadones y alguna buena garrota...

Llegado el momento, el narrador pone a los espectadores en antecedentes: los defensores logroñeses no han desaprovechado la noche y el campamento francés aparece inundado por un desvío del cauce del Ebro Chiquito. Tratando de valerse del factor sorpresa, Vélez de Guevara ataca con un puñado de valientes por el flanco este y los franceses se ven forzados a defenderse de improviso. Pero pronto su superioridad numérica inclina la balanza de su lado y los logroñeses, lejos de flaquear, se aprestan a morir matando.

Y cuando ya todo parece perdido, providencialmente las tropas del duque de Nájera aparecen en el campo de batalla por el oeste, en la retaguardia del enemigo que, de pronto se ve preso de una pinza que ni Napoleón, a costa, eso sí, de muchos valientes que quedan malheridos o muertos.

Pero peor lo tiene el cobarde Asparrot, obligado a rendirse sin condiciones, entregar las armas y el fajín de mando, y con sus tropas diezmadas y el honor militar hecho unos zorros, poner pies en polvorosa rumbo a Pamplona, por donde vino en malahora. Ni 'au revoir' le da tiempo a decir. Despedida a la francesa y jolgorio de alivio en las calles con alardes de los vencedores.

Este lunes todavía habrá que detener a algunos traidores (a las 13 horas en la plaza de San Bartolomé). Pero antes incluso que Madrid, Logroño ya tiene su dos de mayo. Y lo celebra el 11 de junio con pez, pan y vino para matar del hambre hasta el recuerdo.