Logroño se atrinchera en la tradición

Los mercados renacentistas quedaron completamente desplegados ayer en las calles del Casco Antiguo. :: díaz uriel/
Los mercados renacentistas quedaron completamente desplegados ayer en las calles del Casco Antiguo. :: díaz uriel

La apertura del mercado renacentista marca el inicio de un San Bernabé que se prolongará hasta el próximo martes | Los aires de otras épocas vuelven al Casco Antiguo de la capital de La Rioja y las milicias logroñesas se preparan para resistir una vez más el asedio francés

JAVIER CAMPOS

Logroño regresa como cada año al 1521. La capital de La Rioja volvió ayer su mirada al pasado, ese que cada 11 de junio hace que días antes y días después sus vecinos enarbolen su bandera y exhiban su orgullo. Orgullo de pueblo, el que hace ahora casi 500 años sirvió para resistir de forma heroica el asedio del invasor francés.

La apertura del mercado renacentista marca el inicio de un San Bernabé que se prolongará hasta el próximo martes. Decenas de puestos ofrecen ya su género en las plazas del Mercado, La Oca y Santiago y las calles Barriocepo, Excuevas, Cofradía del Pez y La Merced.

Un comienzo que, dadas las horas, las 17 de la tarde de un día laborable, tuvo unos primeros momentos con escaso público y unos siguientes instantes en los que todo se fue animando. El retorno al pasado fue progresivo, pero fue completo. Y los 'aires renacentistas' volvieron al Casco Antiguo con las milicias logroñesas preparadas para resistir una vez más el sitio de los franceses.

Música, olores, personajes de otras épocas a cada paso... Logroño ofrece una sorpresa en cada esquina

La recreación del campamento militar francés, en el parque del Ebro (junto a la chimenea) y del campamento de la milicia logroñesa, en el aparcamiento de Barriocepo, son una edición más dos de los puntos más visitados por grandes y pequeños. Explicaciones sobre armas, muchas, detonaciones del cañón real incluidas por parte de las tropas de Asparrot. «Esperemos disfrutar de unos buenos días en Logroño y que el tiempo respete la programación», sentenciaba un soldado francés, sabedor de una derrota de antemano que no piensa dejar que influya en su estado de ánimo.

Y es que, pese a la proximidad de la batalla, todas las miradas estaban centradas en el cielo. Lloverá... o no. Nubes negras anuncian tormenta... o no. «Sólo el tiempo lo dirá», resumía. No en vano, a día de hoy, los hechos se rememoran anualmente a través de una serie de rituales que siguen manteniendo vivo en la memoria un acontecimiento que se sitúa entre el mito y la realidad. Y nadie sabe si en aquellos días llovió o no pese a lo de 'San Bernabé meón'.

Los puestos del mercado registraban desde primera hora un goteo, eso sí, de público, que poco a poco se acercaba al centro de la ciudad a ver qué se cocía. «A ver, a ver, estamos empezando, esperemos que se anime y el próximo lunes podamos contarlo», era una de las frases más repetidas entre puestos de artesanía y consumibles.

Desde abanicos a acero, plata y complementos; desde alimentación a ropa; desde cosmética a cobre, latón y cerámica. Ropa de bebés, cristal, bolsos, taller de monedas, chocolates, telas, salud, plantas, especias, aromas de todo tipo...

Y en cada esquina... ¡una sorpresa! Logroño ha vuelto a convertirse en escenario de ese eterno retorno en el que se han transformado las fiestas de San Bernabé y, un año más por estas fechas, por la capital de La Rioja huele a algo grande. Se avecina algo grande.

Música, olores, personajes de otras épocas a cada paso... Logroño vuelve a tocar la corneta y a escuchar los tambores. Símbolos de lo que espera a logroñeses y turistas durante los próximos días.

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