¡Logroñeses, a las armas!

¡Logroñeses, a las armas!

Las recreaciones transportan a la ciudad al día a día del sitio de 1521

Sergio Martínez
SERGIO MARTÍNEZLogroño

Miles de logroñeses están convocados un año más a levantarse contra el invasor. A expulsar al general Asparrot, la némesis de la ciudad desde hace cinco siglos, a llenar el empedrado de la pólvora de los arcabuces, a escabullirse entre las murallas en busca del pez y el vino. Logroño viaja en el tiempo hasta el año 1521 para conmemorar su resistencia, su pasado reflejado en el escudo y la bandera. Una labor a la que contribuyen los grupos recreacionistas, que permiten acercar la historia a pie de calle. Un 1521 vivo, que tocar y sentir.

Las cinco asociaciones han nacido o crecido de la mano desde que las fiestas tomaron ese rumbo y cariz histórico de las que ahora presumen. Héroes del Revellín, Club de Tiro Logroño, Encomienda de Santiago, Rioja Medieval y Guardias de Santiago ofrecen su punto de vista único bajo su disfraz renacentista.

La pasión por la historia y por su ciudad es algo que les une, ese denominador común básico en la receta del éxito de San Bernabé. Inmaculada Pellejero, de Encomienda de Santiago, resume esa experiencia: «Nos gusta la recreación histórica, pero además de ello, se trata de una forma diferente de vivir las fiestas, lo haces en primera persona, incluso hay momentos en los que llegas a emocionarte».

San Bernabé sin salvas

Uno de los elementos tradicionales de las fiestas, las salvas de cañones que se disparan el día de San Bernabé previamente a la procesión y a los banderazos, no se producirán este año. Esta costumbre, no siempre contemplada en las fiestas, parte de la artillería que el ejército francés dejó en su retirada y que se convirtieron en símbolo de orgullo para Logroño, tal y como relató Albia de Castro en el siglo XVII. Los libros de actas municipales de los años posteriores al sitio recogen la entrega a «los arcabuceros de la fiesta del señor San Bernabé doce libras de pólvora», así como «las salvas» del 11 de junio y la víspera.

La asociación Héroes del Revellín ha contribuido desde hace más de una década a difundir la historia logroñesa, y en esa labor contó con el apoyo inicial del ejército, tal y como explica Víctor Gutiérrez: «Aportaron mucha información que tenía en el museo de Toledo y otros puntos de España sobre lo que ocurrió en Logroño en esa época, para poder así recrear mejorar las fiestas». Por su parte, Diego Garrido, habla de la importancia de «documentarse bien y adquirir conocimiento» dentro del proceso de compra y fabricación de vestimentas, armas y otros elementos renacentistas. «Queremos que la gente toque la historia, que sea algo cercano», añade.

En cuestión de armamento, el Club de Tiro Logroño, especialista en disciplinas históricas, supone la máxima autoridad y ofrece una muestra de los diferentes perfiles de participantes en las recreaciones. «Estamos gente de todo tipo, algunos se dedican a la historia, a otros simplemente les gusta, hay especialistas en armas...», detalla Pachi Álvarez, que apunta como «la gente se interesa» por la recreación, cuya importancia en Logroño crece año a año.

En mismos términos habla Lourdes Oca, de Guardias de Santiago, que destaca como «cada vez viene más gente de fuera y se ven más logroñeses visitando los campamentos y todos los actos e interesándose», recalcando como las fiestas «han evolucionado muchísimo».

Todos ellos, junto a los voluntarios, aparcan durante cuatro días su rutina para convertirse en ciudadanos del siglo XVI, en curtidores, campesinos, herreros, comerciantes... en soldados de Logroño.