Honor de caballero a una ciudad

:: Diseño de ignacio gavira/
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¿Qué significan las tres flores de lis concedidas por Carlos V a Logroño?

JAVIER CAMPOS

Pongámonos en contexto. Eran otros tiempos. Otras gentes. El espíritu caballeresco y la vida cortesana lo inundaban todo. Y el gesto en cuestión tuvo todo su sentido y su significado. De los de sacar pecho ya entonces.

Logroño recuerda estos días la defensa heroica de los logroñeses frente a las tropas francesas en 1521 en torno a la épica victoria consumada un 11 de junio. Y, desde hace años, al calor de la recreación, la ciudad rememora la fabulosa llegada de Carlos V para hacer entrega de las flores de lis al escudo de Logroño.

Será este lunes, a las 21.30 horas en la plaza de San Bartolomé, cuando el emperador cumpla con la tradición después de que logroñeses y visitantes celebren con el pez, el pan y el vino tan histórica gesta. Una visita que, sin embargo, no se produjo tal y como se piensa, sino que es una de las 'licencias' que hasta la fecha se ha permitido con permiso de San Bernabé

La entrega no fue en 1521, sino en 1523; y no fue en Logroño, sino en ValladolidLas armas de la nación derrotada pasaron al escudo de la ciudad vencedoraJunto a los honores caballerescos, hubo favores económicos como recompensa

Y es que no fue hasta el 5 de julio de 1523, es decir, algo más de dos años después de la victoria, cuando Carlos V otorgó a la ciudad el privilegio de añadir, en forma de orla, las armas tomadas al ejército francés. Ni tan siquiera fue en Logroño, sino en las Cortes de Valladolid.

Ello sirvió para definir «conceptual y gráficamente» el escudo definitivo de Logroño completando la simbología logroñesa (el puente defendido con tres torres) con un «excepcional añadido» en forma de bordura: la bandera del vencido Francisco I, rey de Francia, como concesión que hace el emperador a la ciudad por su resistencia durante la invasión de 1521.

Así lo escribe Mario Ruiz Encinar en su artículo 'El escudo de Logroño en el siglo XVI: orgullo y propaganda', publicado en la revista Berceo del IER en el 2012 tras culminar el proceso para la donación por parte del abogado Jesús Gil-Gibernau de un escudo de la ciudad al Ayuntamiento de Logroño.

Diario LA RIOJA se ha puesto en contacto con Ruiz Encinar, profesor de Artes Plásticas del IES Batalla de Clavijo, quien explica que «en aquel mundo caballeresco uno de los mayores honores era que el caballero ganador tomase las armas del caballero vencido». «¿Pero qué ocurría si quien ganaba la batalla era un pueblo entero como fue el caso de Logroño?», se pregunta el experto en emblemática en general y en heráldica en particular. «Pues al pueblo le corresponde un honor aún mayor como son las armas del rey de Francia, el ejército derrotado, que son las flores de lis y la bordura de azur». He aquí la respuesta.

«La adición de la bordura azur con tres flores de lis de oro como concesión del emperador Carlos a la ciudad y sus habitantes supone un especialísimo acto heráldico: entraña el otorgar a una colectividad las armas reales y nacionales de otro país vencido en buena lid en el campo de batalla, trance imbuido del más puro espíritu caballeresco, ya en franca decadencia en el primer tercio del siglo XVI. Es un privilegio lleno de honor y que permite a la ciudad exhibir su símbolo del puente aumentado con el famosísimo emblema de otro reino (lises de Francia) para asombro y fascinación de los visitantes, peregrinos y otras ciudades del reino. Así pues, se le otorgan a la ciudad unas nuevas armas como si fuera un caballero, es decir, se le atribuye la capacidad de usar escudo, en la línea de los nuevos modos heráldicos en el tránsito del medievo a la modernidad», puede leerse en un artículo que explica cómo las tres flores de lis se convierten en un «recuerdo inmemorial de hechos gloriosos» que sólo podían llevarse en el escudo de la ciudad «por el valor y fidelidad de sus habitantes a la corona».

Sin embargo, según Ruiz Encinar, al Concejo, aparte de los honores caballerescos, le interesaban esas mercedes reales que acompañaban a toda hazaña, económicas principalmente, y que supusieron que Logroño pudiese reconstruir sus murallas y, entre otras, el actual Cubo del Revellín incluyendo el escudo del emperador por realizarse las obras bajo su 'patrocinio'. La defensa de la plaza deteniendo el avance francés se ve recompensada con todo tipo de favores y privilegios.

«Era un todo: importante en lo económico, para una ciudad que quería ponerse en la órbita de las grandes ciudades castellanas; importante en lo social, pues a nadie le desmerecía tal honor y nuestros antepasados quedaron encantados de la vida con la incorporación de los emblemas personales de los enemigos al escudo, lo que entonces tenía mucho de propaganda». Y es que para este estudioso logroñés la inclusión del símbolo real y del reino francés en el escudo de Logroño, presente en las puertas y principales edificaciones de una ciudad de paso por el Camino jacobeo llamado precisamente 'francés', «no hacen más que recordar al espectador del siglo XVI -muchas veces peregrinos de toda Europa- la magnífica gesta y la fuerza de la nueva monarquía imperial, triunfante ante los vecinos y enemigos».