¿Pero quién diantres es el general Asparrot?

¿Pero quién diantres es el general Asparrot?

André de Foix, señor de Asparrot, fue elegido por el rey Francisco I de Francia para reconquistar Navarra y plantar cara al emperador Carlos V. Pero no lo hizo por sus dotes militares ni políticas, sino por ser hermano de su amante, Françoise de Foix

Marcelino Izquierdo
MARCELINO IZQUIERDOLogroño

Cuando el pueblo de Logroño tuvo conocimiento de que un gran ejército formado por bearneses, labortanos, franceses y navarros acechaba la ciudad, de inmediato se puso manos a la obra. Tras el concejo abierto que tuvo lugar en la iglesia de Santiago, ordenó el gobernador Pedro Vélez de Guevara reforzar las murallas, al tiempo que reorganizaba sus escasas fuerzas militares.

Pronto informaron los espías del Duque de Nájera de que las tropas franco-navarras avanzaban, una vez conquistada Pamplona, con una fuerza de 30.000 soldados y con el general Asparrot como comandante en jefe. ¿Pero quién diantres es el general Asparrot?, se preguntaban.

Elegido personalmente por el rey Francisco I de Francia para liderar la reconquista de Navarra, pronto se convirtió André de Foix, señor de Lesparrou o Asparrot, en el gran villano. Unos se lo imaginaban como un bizarro guerrero de poblado mostacho y espada salvaje; otros, como un atildado noble de refinados gustos y experto en estrategia militar. Pero nadie podía sospechar que en su elección por parte del monarca galo concurría una historia de ambición, de sexo y amor cortés y también de torpeza.

Un joven ambicioso

Era André de Foix un joven de apenas 21 años, hijo de Juan de Foix -ilustre apellido-, vizconde de Lautrec y gobernador del Delfinado, y de Juana de Aidia de Lescun. Versado en la esgrima y en otras artes de la guerra, detrás de su delgadez y de su rostro aniñado se escondían un carácter irascible y una desmedida sed de victoria, así como la furia imprudente de quien no sabe calibrar sus actos.

No tenían buena reputación en Francia como hombres de armas ni Asparrot ni sus hermanos, Odet de Foix (vizconde de Lautrec) y Thomas de Foix (señor de Lescun). Muy al contrario, se rumoreaba que sus meteóricas carreras militares y políticas tenían su origen en la influencia que su hermana pequeña, Françoise de Foix, atesoraba en la corte, pues además de ser una de las mujeres más bellas e inteligentes del país era también amante de Francisco I.

Nacida en 1495, Françoise de Foix estaba emparentada con la Casa Real. Cumplidos los 10 años, fue llamada a la corte para recibir una educación acorde a su estatus. Un año más tarde, la dama infantil comenzó a ser cortejada por Jean de Laval, conde de Châteaubriant, un joven de 19 años que se enamoró perdidamente de ella y, haciendo caso omiso a la corte, se la llevó a sus dominios.

Madre con sólo 13 años

Con apenas 13 años, Françoise alumbró a una niña llamada Anne y, un año después, contrajo matrimonio con Jean de Laval. La pareja era feliz hasta que el recién coronado monarca Francisco I conoció a la ya condesa de Châteaubriant. Quedó tan prendado el rey de su belleza (era alta, morena y de rasgos delicados) y de su talento (hablaba francés, latín e italiano y componía versos) que no paró hasta conquistarla. No fue fácil.

El receloso Jean de Laval fue desoyendo los paulatinos cantos de sirena que llegaban desde la corte ofreciéndole el oro y el moro, sabedor de que era su esposa el objeto de deseo del monarca. Pero cuando Francisco I pasó de las sugerencias a las órdenes, al conde de Châteaubriant no le quedó otra opción que dejar a Françoise de Foix en sus tierras y partir como enviado a Bretaña para negociar ciertos impuestos. El amor fou entre el rey y la hermana de Asparrot se prolongó por espacio de una década, durante la que a la familia de Françoise no le faltó de nada. Consiguió, incluso, que Francisco I pagara el rescate para liberar a André de Foix tras la batalla de Noain (veinte días después de levantar el sitio de Logroño) y que perdonara a su hermano mayor otros desaguisados militares.

Cuando Asparrot fue designado para liderar la reconquista de Navarra, su bisoñez al frente de un ejército tan nutrido como heterogéneo acabó pasándole factura.

Error tras error

En primer lugar, la ofensiva arrancó demasiado tarde, pues las tropas leales al emperador comenzaban a recobrar el control de la rebelión comunera tras la batalla de Villalar. La decisión de dejar en Sauveterre al aspirante al trono navarro, Enrique II, en vez de ponerlo al frente de las tropas tampoco fue la más oportuna. Muchos historiadores consideran que con el pretendiente como comandante en jefe, las tropas navarras hubieran consolidado sus conquistas y nunca se hubieran atrevido a cercar Logroño

También cometió Asparrot el error de no consolidar sus rápidas conquistas, convencido de que la cohesión política de los castellanos dejaba mucho que desear y seguro, además, de que su retaguardia estaba bien pertrechada por la cordillera pirenaica.

La ceguera de haber cosechado éxito tras éxito, desde su partida en Saint-Jean-Pied-de-Port hasta alcanzar la frontera con Castilla, le impidió a André de Foix realizar un diagnóstico ponderado de la situación. Además, con Logroño ya en el punto de mira, recibió Asparrot la orden de Francisco I de asediar la única ciudad, junto con Tudela, donde un gran ejército podía cruzar con éxito el caudaloso río Ebro.

La inesperada resistencia de los logroñeses, que aguantaron durante 17 días el sitio navarro-francés, precipitó los acontecimientos. Las huestes castellanas tuvieron más tiempo para reunificarse y avanzar al rescate de la ahora capital riojana. Francisco I requirió la inmediata presencia de miles de soldados que rodeaban Logroño para cubrir otros frentes abiertos contra Carlos V en otras zonas de Europa.

En resumen, André de Foix acabó batiéndose en retirada de manera torpe, con un ejército diezmado y hambriento. Para colmo, Asparrot no esperó los refuerzos que llegaban en su auxilio y sufrió su peor derrota contra los castellanos en la batalla de Noain, donde resultó herido y perdió un ojo.

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