El Sagasta cambia el 'vending' por fruta

Celeste busca una moneda para pagar el platano que acaba de coger antes de salir al patio./Justo Rodriguez
Celeste busca una moneda para pagar el platano que acaba de coger antes de salir al patio. / Justo Rodriguez

Los responsables del instituto sustituyen las máquinas de autoservicio y ofrecen al alumnado frutas frescas a precio de coste

Luis J. Ruiz
LUIS J. RUIZLogroño

Lo primero que hacen los alumnos del IES Sagasta cuando llegan al instituto (el provisional, que el otro está en obras) es la compra. Los más pequeños (de 1º a 3º de la ESO) entran por la calle Magisterio y junto a la puerta principal, justo debajo de la pantalla que informa de los cumpleaños del día, Óscar, el frutero de la esquina, les ha dejado varias barcas con algunas de sus mejores piezas: plátanos, melocotones, manzanas, uvas, ciruelas... En la pared está su cotización: el melocotón y el plátano, 40 céntimos; la uva, 30; las peras, 20... Un buzón hace las veces de caja registradora y cada uno paga (un cartel pide honradez) en función de lo que elige. El hueco que ocupaban las máquinas de 'vending' (que ya duermen el sueño de los justos en algún almacén) está ahora tomado por los enseres de limpieza...

Esas máquinas que expedían grasas saturadas, colesterol y azúcar en dosis individuales desaparecieron de los pasillos del centro el 11 de septiembre por decisión del equipo de profesores que encabeza Alberto Abad, director del centro.

Más allá de los dudosos beneficios de aquellos productos, explica Abad que las máquinas eran un foco de conflicto: «Había alumnos que las movían, otros que esperaban para ver si alguien olvidaba monedas o les pedían que les echaran a ellos monedas... Los alumnos reaccionaron muy bien», asegura.

«Había alumnos que las movían, otros que esperaban para ver si alguien olvidaba monedas o les pedían que les echaran a ellos monedas... Los alumnos reaccionaron muy bien»

Diego y Lucas recogen fruta este lunes lunes.
Diego y Lucas recogen fruta este lunes lunes. / Justo Rodriguez

Habló con Óscar, «el frutero del barrio», le propuso la idea y le pareció bien. Ahora, a sus funciones de director, ha añadido una más: todos los días le manda un wasap con la lista de la compra. El martes llegaron 20 melocotones y para ayer había pedido plátanos y nectarinas. «Las uvas y los plátanos es lo que más cogen. Las manzanas y las peras tienen menos tirón, lo mismo que las ciruelas». Con las primeras mandarinas de la temporada, quizá un poco ácidas, les pasó lo mismo.

«Recuperamos más o menos el 90% de lo que nos cuesta y ahora vamos a poner frutos secos»

Las cuentas salen a medias. «Hemos puesto un cartel con las normas. Cada uno paga lo que puede. Si no tiene dinero, paga otro día, y si un día paga más, otros días puede coger fruta» hasta 'agotar' el saldo, explica Abad. «Más o menos el 90% de lo que nos cuesta la fruta lo recuperamos», dice el director del centro. El menú se ampliará la próxima semana. «Vamos a probar con frutos secos. Haremos unos conos con papel reciclado y pondremos unos 50 gramos de frutos secos naturales. Sin tostar, sin sal, sin nada...», añade Abad.

«Hemos puesto un cartel con las normas. Cada uno paga lo que puede. Si no tiene dinero, paga otro día, y si un día paga más, otros días puede coger fruta» hasta 'agotar' el saldo

Con las peras, las manzanas, los melocotones y las uvas ocupan ahora el lugar de las panteras rosas, las chocolatinas y las palmeras de chocolate, los alumnos dan el visto bueno a la iniciativa y muchos son los que se han sumado a ella. Sobre todo en el primer recreo, el de las 10.30 horas. «En el primer recreo cojo fruta. Me gusta y me parece una buena idea», explica Diego, que como Lucas, ambos de 1º de ESO, da el visto bueno a la iniciativa. En el segundo de los descansos abre el bocadillo que ha traído de casa.

Celeste es otra de las fijas de la fruta. «Sí, suelo coger y lo veo bien ya que eso permite tener un almuerzo saludable ya que en las máquinas solo había bollitos y cosas de esas...», dicen. Celeste también eligió plátano; su amiga Celia es más de manzana pero espera con pasión que los frutos secos lleguen al nuevo menú del IES Sagasta.