El Sagasta se cae a pedazos

Espalderas del antiguo gimnasio. / Sonia Tercero

La falta de mantenimiento y los últimos temporales de lluvia y viento están haciendo mella en el interior del edificio | El centenario instituto muestra un aspecto ruinoso dos años después de su cierre

África Azcona
ÁFRICA AZCONALogroño

El caos se ha adueñado del Sagasta después de dos años en desuso. El histórico edificio está sufriendo las consecuencias de su cierre a causa de la falta de mantenimiento y el paso del tiempo, pero también por la meteorología de los últimos meses que ha terminado por hacer mella en su interior.

Existen problemas con el encofrado de las ventanas interiores, hay cristales rotos por el pedrisco en la parte de Muro de Carmen, y la maleza se está apoderando de los dos patios, donde hasta hace no tanto se podía oír el jolgorio de los alumnos.

Diario La RIOJA ha realizado una visita al centenario centro invitado por el director del instituto, Alberto Abad, y en compañía de un grupo de fotógrafos aficionados (entre ellos el exalcalde José Luis Bermejo) atraídos por la mezcla del misterio y nostalgia que destila el centro y la belleza que aún conserva.

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Lo primero que se siente al llegar es un ambiente sombrío y no deja de ser desconcertante ver la biblioteca, la dependencia que mejor identifica al centro, llena de bolsas y restos de papeles esparcidos por el suelo. Los anaqueles de madera, que albergaban los valiosos tomos ahora custodiados en el Palacio de Justicia, permanecen abiertos de par en par, abandonados a su suerte.

La situación en el resto del edificio no es muy distinta. Restos de escombro, libros de todas las materias de Secundaria (muchos nuevos) y material escolar de distinta índole campan a sus anchas por cualquier esquina.

Diferentes estancias del centro de enseñanza. / Sonia Tercero

Donde uno se imagina el jolgorio escolar y aulas llenas de vida (hay 50), hoy hay espacios llenos de suciedad y montañas de tierra que han quedado de las catas técnicas realizadas en el subsuelo. Un cartel pidiendo la limpieza y orden de mesas contrasta con la situación actual. Pese al desorden y la suciedad, la huella del pasado reciente todavía es palpable: trabajos escolares del 2016 colgados de las paredes, los últimos horarios de clases, dibujos del sistema solar, poemas con motivo del Día del Libro... y hasta almuerzos olvidados recuerdan que hasta no hace mucho la vida bullía en el Sagasta.

«La suerte es que, por lo menos, no ha habido goteras», se alegra el director. Sólo el aula 208, la de Plástica tiene humedades. «Aquí durmió Alfonso XIII, hay una foto suya en la cama», explica Alberto Abad, director y guardián del instituto, a donde se acerca al menos una vez a la semana para velar por su seguridad y, más que nada por no encontrarse con «alguna sorpresa inesperada».

El deterioro es notable y la edificación presenta desprendimientos. / Sonia Tercero

Últimamente, sin embargo, se ha llevado varias. «Intentaron apalancar la puerta del lado de la Glorieta». El propio de Abad se las ingenió para reforzarla aún más con una barra de hierro, pero además ha debido tirar de ingenio y pericia para solventar otros problemas sobrevenidos con las ráfagas de viento de los últimos meses. «Fueron tan fuerte que rompieron el pestillo de seguridad y se abrieron de par en par».

Muebles, libros, incluso ordenadores y una televisión..., todo lo que encontró a mano le vino bien para hacer contrapeso. «No se rompieron los cristales, pero me da miedo que ocurra, porque miden 2 por 2 metros, y podría resultar peligroso». También existe riesgo de desprendimientos en la parte interior del patio, de hecho partes de los rebocos de la fachada se han venido abajo y los marcos de madera de los grandes ventanales se han desprendido como consecuencia de la humedad. «Es curioso que todo lo que se instaló en la última reforma del 96 es lo que antes se ha caído», dice.

La vegetación espontánea también ha crecido sin control y en algunos sitios ha alcanzado una altura considerable. «Sorprende que crezca tanto, nunca estando los alumnos habían salido tantas plantas», señala. Quizás el salón de actos es el espacio que mejor sobrevive a la nueva situación de abandono. Un letrero en defensa de la enseñanza pública 'Unidos podemos' recuerda una de sus últimas actividades. No lejos, la capilla, ya desacralizada, aparece envuelta el polvo. Con las obras pasará a ser el aula de estudio.

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