La recuperación del Monte Cantabria completa la primera fase

Ha consistido en la limpieza y consolidación del acceso al recinto y es la parte inicial de las seis de las que consta el proyecto

LA RIOJA

Ya ha finalizado la primera fase de las obras de recuperación del Monte Cantabria, que ha consistido en la limpieza y consolidación del acceso al recinto. Estas obras son la primera de las seis fases de las que consta el proyecto, según ha detallado el Consistorio en una nota que recoge Efe.

«La recuperación del Monte Cantabria marcará el relato de los orígenes de nuestra ciudad y convertirá este enclave en la atalaya del Logroño del siglo XXI»; ha destacado Cuca Gamarra de esta actuación, financiada conjuntamente por el Ayuntamiento de Logroño y Gobierno de La Rioja con un importe de 20.000 euros. La alcaldesa de Logroño en funciones ha visitado este jueves las obras.

Gamarra ha explicado que de la intervención arqueológica ya se conocen las primeras conclusiones de los arqueólogos al completar los trabajos de campo, aunque aún se está a la espera del resultado de los análisis de los restos. «Estamos ante un ambicioso proyecto que aúna pasado y futuro: por una parte, recuperamos la memoria de nuestros orígenes y, por otra, ponemos en valor una atalaya desde la que vislumbraremos el Logroño del siglo XXI», ha resaltado.

Ha incidido en que la iniciativa aprovecha los valores patrimoniales, arqueológicos e históricos de este enclave para construir el relato de la primera evolución de Logroño y lo promocionará como lugar de esparcimiento y como puerta de entrada a la ciudad para peregrinos del Camino de Santiago, recuperando su trazado original.

El informe arqueológico elaborado en el Monte Cantabria distingue tres niveles de ocupación de este espacio: el primero de época prerromana, en el que son visibles las huellas de un incendio violento y que está asociado a Varia, la que era capital de los berones de la zona; un segundo nivel atestigua la ocupación de los siglos V a VIII, con presencia de silos para el almacenamiento de cereal y con enterramientos. En parte, desde el siglo V, ese nivel convive con otro que perduró hasta el siglo XII y que destaca por un recinto amurallado en torno a la mayor parte de la cumbre amesetada, con unas dos hectáreas de superficie.