«Hay quien ya se plantea irse a vivir a otro sitio... mudarse»

Limpieza de la calle, ayer por la mañana. :: J. Herreros/
Limpieza de la calle, ayer por la mañana. :: J. Herreros

Un vecino de Calvo Sotelo pasa los fines de semana en Villamediana y otros muchos empiezan a pensar en que tal vez sea la solución que les queda

J. C. LOGROÑO.

Una zona ideal... hasta el jueves. Así se refieren los vecinos a la manzana donde se ubica la sala Concept. El problema no es la discoteca... ni siquiera la bocatería/pizzería Viena. El problema es lo que pasa fuera, en la calle, la concentración de público que ha convertido los alrededores en zona de ocio abierta. Ya el IES Sagasta padecía el problema antes de su traslado, bien visible cuando un alumno con movilidad reducida utilizaba la rampa de acceso ubicada en la fachada este y los viernes, tras la fiesta de la noche del jueves, se la encontraba prácticamente inaccesible.

«Hay quien ya se plantea irse a vivir a otro sitio... mudarse», explican desde la comunidad de propietarios de Duquesa de la Victoria 8, quienes temen incluso una devaluación de sus pisos. La realidad es que ya hay quien ha dado ese paso. «Me he comprado vivienda en Villamediana y los fines de semana y fiestas de guardar me voy al pueblo», cuenta un vecino de Calvo Sotelo que prefiere no dar su nombre. «Significarte diciendo que las quejas provienen de tal o cual sitio, o de tal o cual portal, solo te trae problemas», añade.

Y el problema, en cualquier caso, ya sobrepasa el ruido. Ya hace más de dos años que los vecinos de las zonas de ocio nocturno exigieron -nunca han dejado de hacerlo, pero en aquella ocasión lo hicieron de modo coordinado- soluciones para atajar unas molestias que van a más. Ya entones pubs y discotecas responsabilizaban al 'botellón' y reclamaban medidas legales para atajar el consumo de alcohol en la calle. El debate sigue ahí. Y mientras, todos los implicados hablan de un problema general y social que empieza con la educación y acaba con el civismo.

«No podemos señalar sólo y exclusivamente a los jóvenes, porque lo cierto es que un grupo de gente de 40 o 50 años que salen de cena y luego toman una copa son capaces de generar, una vez en la calle, 100 decibelios de ruido a base de elevar la voz», señala Eduardo Pérez-Pedrero, también presidente de la Asociación Riojana de Salas de Fiesta y Discotecas, perteneciente a la FER, y profesional del sector hostelero en general.