PÍO, PÍO

Que los pájaros de las ciudades canten mucho y más alto para compensar/contrarrestar el ruido da una idea del problema. Leo que vendría a ser algo así como que si el vecino pone la televisión muy alta, tú pones la radio a todo volumen; o que si él monta una comida familiar con el correspondiente jaleo, tú le respondes con una fiesta de amigos con la consiguiente jarana. Ojo por ojo, diente por diente, ruido por ruido. No es nuevo ni exclusivo de la ciudad de Logroño. Que el ruido llama al ruido es tan cierto como que el silencio llama al silencio. Pensemos en un bar de copas... y en una biblioteca. Vendría a ser como la teoría de las ventanas rotas (o de los cristales rotos, que también), esa que establece que mantener los entornos urbanos en buenas condiciones puede provocar una disminución del vandalismo (respetamos lo limpio, ensuciamos lo descuidado). Por eso dicen que es bueno que las Administraciones generen espacios silenciosos y zonas tranquilas. Nada que ver con la Mesa del Ruido constituida en Logroño para, supuestamente, «contribuir a hacer una ciudad acústicamente saludable». Ha bastado una reunión para que suban los decibelios a niveles insoportables. El motivo, que lo que tenía e iba a estar para enero, no sólo no está sino que hay que volverlo a hacer. Seguimos sin mapa de ruidos del ocio porque el elaborado, por su metodología, concluía que prácticamente todo Logroño está contaminado acústicamente y que, por ejemplo, cualquier zona de terrazas sería una zona en la que intervenir... y bajar la voz. Dice el equipo de Gobierno que no daba una situación real del estado de la ciudad, pero... ¿y si la realidad es que Logroño es una ciudad ruidosa y nuestro Ayuntamiento no lo oye (o no lo quiere oír)?

 

Fotos

Vídeos