Cuando los peces eran del Ebro

Pescadores en el Ebro con peces para el reparto de San Bernabé. :: e. del río
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Pescadores en el Ebro con peces para el reparto de San Bernabé. :: e. del río

EDUARDO GÓMEZ

Los logroñeses que vienen celebrando puntualmente el tradicional bocado del pez, pan y vino que ofrece la Cofradía del Pez en el entorno del arco del Revellín, apenas recuerdan los tiempos en los que la ofrenda se realizaba con ciprínidos extraídos del río Ebro durante unos días anteriores por pescadores profesionales. Eran días de ajetreo para los cofrades encargados de conseguir el objetivo como para no desearlos al mayor enemigo. Uno recuerda a los designados de entonces, capitaneados por Jesús Perea, cofrade mayor y alma mater de la Cofradía, intentando establecer contacto con los contados pescadores profesionales, poseedores del correspondiente carnet que les permitiera afrontar el encargo. La búsqueda solía tener éxito en alguno de los bares de finales de la calle Sagasta, bien con el conocido por el Mari o por el popular manco, poseedores ambos de barca y redes para llevar a cabo el encargo. El contacto iba acompañado de un consabido tira y afloja sobre el precio a pagar por los peces. Que si hay pocos en el río, que si hay que ir río abajo mucho trecho, que tenían problemas con los guardas, etc, etc. Como era preceptivo, había que facilitarles la pertinente autorización de Icona, dado que en estas fechas la pesca de ciprínidos estaba en veda. Años antes se recurría a la Cofradía de Pescadores de San Bernabé que capitaneaba Ismael, propietario de una droguería en Amós Salvador. También hubo un tiempo en el que se recurrió a la pericia de unos avezados pescadores de Mendavia.

Se recuerda la penosa incidencia de un año en el que el ingeniero jefe responsable de conceder la imprescindible autorización se negó en redondo, granjeándose el desdén de la ciudadanía.

Capítulo aparte, hay que destacar que tras aceptar el precio con los pescadores locales se convino que las capturas había que entregarlas en la empresa que el recordado cofrade Luis Collado tenía con su hermano en el polígono industrial La Portalada. Resultaba una colaboración decisiva y penosa, pues le llevaban los peces en lastimoso acompañamiento de residuos contenidos en las aguas del Ebro. La finalización de este importante capítulo lo celebraban los cofrades en el escenario donde se limpiaban y conservaban los peces, con la llamada «prueba de los peces», que todavía se celebra aunque en la Sociedad Gastronómica La Becada de la calle Santiago, donde varios de sus socios comparten afiliación con la Cofradía del Pez. Igualmente era tradicional 'la prueba del vino' que se celebraba en la bodega La Reja Dorada de la Ruavieja, que era la suministradora del vino ofrecido en la ofrenda del Revellín.

La problemática que se le creaba a la Cofradía con la obtención de peces de dudosa garantía sanitaria se solucionó en el reparto del 2005, manteniendo la tradición igualmente con pan, vino y peces, pero con la garantía de sanidad al ser truchas obtenidas en piscifactorías riojanas.

 

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