PASADOS DE FRENADA

NURIA ALONSO ESFERA DE CRISTAL

No sé si será por tanta campaña política seguida, tanta sentencia judicial abusiva o tanto tonto suelto pero en las calles subyace una polarización que ha llegado a extremos que asustan. En todos los asuntos. Hasta el tema de las mascotas genera suspicacias y, lo que es peor, problemas graves de convivencia.

Las posturas están cada vez más enconadas entre partidarios de los animales y sus detractores. De sobra son conocidas las ventajas de contar en una familia con la compañía de una mascota. Pero también pululan por doquier los comentarios negativos que la proliferación de perros (y sus dueños maleducados) está despertando entre los logroñeses que sienten poco apego por los animales.

Sin embargo, de ahí a desperdigar por los parques de la ciudad alimentos envenenados con la maligna intención de fulminar a los canes que muerdan el letal cebo o, por el otro lado, organizar manifestaciones en favor de la defensa a ultranza de los derechos de los animales, va un trecho largo.

Una cosa es que se pida un respeto a la vida digna de los perros (y demás mascotas), lo cual no sólo es deseable sino lógico. Y otra muy distinta es que se pretenda dispensar a los perros mejor trato que a las personas, como cederles el paso en las aceras por encima de otros transeúntes humanos o permitirles el acceso a comercios de toda índole (los he visto en tiendas de ropa de bebé y ¡hasta en farmacias!). Son mascotas, ni menos ni tampoco más.

Resta aún mucho trabajo en la tarea de dignificar los derechos de los animales. Pero también es necesario reflexionar para dilucidar si, en esta controversia, no nos estaremos pasando de frenada. Que nos suele ocurrir demasiado a menudo.

 

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