EL PACTO

CARMEN NEVOT ARRANCHAR A SON DE MAR

El acuerdo a la carrera, ahora roto, de dos partidos abiertamente enfrentados para consensuar la composición del Consejo General del Poder Judicial resultaba, cuando menos, chocante y obligaba a cuestionarse por qué las mismas bocas que se llenan hablando de independencia judicial se han apresurado históricamente a sellar pactos que cierran la puerta a que los mismos jueces nombren a sus representantes en el consejo y, por tanto, vetaban cualquier posibilidad de liberarlo del control político al que gobierno tras gobierno sigue sometido.

Las sucesivas promesas de dejar las cosas de jueces en manos de jueces no han pasado de ser un anuncio electoral y la renuncia ayer de Marchena a ser mangoneado como presidente del Supremo y del CGPJ y la consiguiente muerte del pacto entre PP y PSOE abre la puerta a que definitivamente suelten amarras para que la justicia sea eso, justicia e independiente y no un pago de favores para taponar vías de agua. El mensaje de WhatsApp de Cosidó en el que afirmó que con la elección de Marchena, el PP controlaba la Sala Penal del Supremo «por la puerta de atrás» podría haber dinamitado ese gen defectuoso heredado por los sucesivos gobiernos.

Hasta ahora la historia se ha repetido sin remedio y que formaciones políticas con las espadas en alto supieran repartirse sin espasmos ni roces los sillones del Poder Judicial da idea de lo crucial que esta institución es para la clase política y obliga a reflexionar y a preguntarse qué tendrá el agua para que la bendigan y para que nadie quiera dejarla correr.

A partir de ahora se abre un nuevo horizonte, que llega en un momento clave en el que la justicia atraviesa por una crisis sin precedentes y en el que vender la independencia judicial como un bien sagrado a preservar ya no lo aguantaba ni el papel.

 

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