La jardinería más social

Dos de los nuevos jardineros de la UR, manos a la obra en la mañana de ayer. :: jonathan herreros/
Dos de los nuevos jardineros de la UR, manos a la obra en la mañana de ayer. :: jonathan herreros

LUIS J. RUIZ

Roberto Capellán sujeta con firmeza el soplador -«esto tiene retorno y tira del brazo hacia atrás», explica- y en unos pocos minutos y junto a su compañero de faena 'pinta' de verde el jardín del Rectorado que el otoño había teñido con tonos ocres. Roberto es uno de los cuatro jardineros que desde el pasado mes de octubre se encargan de cuidar con mimo las zonas verdes universitarias. Desde entonces la gestión de esos espacios corre a cargo del Centro Especial de Empleo de la Fundación Asprem-Asprodema-Empleo, de la que los cuatro forman parte. «Es la primera vez que trabajo en jardinería y me gusta mucho... aunque los días que llueve es todo más complicado», se sincera Capellán, que explica que lo que más le gusta de todo «es cortar el césped, los sopladores y podar».

Desde esa misma zona verde, la vicerrectora de Responsabilidad Social de la UR, Pilar Agustín, explicaba ayer que la universidad reservó «específicamente» para las centros especiales de empleo «el concurso público de mantenimiento del jardín dentro de la política de promoción de la responsabilidad social universitaria. No hemos buscado una actividad especial que pudieran realizar personas con discapacidad intelectual sino que se trata de una necesidad de la Universidad de La Rioja».

Ese era el primero de los objetivos. El segundo se irá alcanzando de manera progresiva. «Aporta un elemento sensibilizador y de concienciación fundamental ya que los alumnos van a ser conscientes de que las personas de Asprem van a realizar este trabajo en el campus y es un mensaje positivo que se van a llevar».

Cuatro usuarios de Asprem-Asprodema cuidarán las zonas verdes de la UR

Y si importante es la medida para la Universidad de La Rioja, no lo es menos para Fundación Asprem, según relataba Cristina Salazar, directora de la entidad. «Responde a uno de los objetivos del proyecto Pomona, que es el de crear empleo para personas con discapacidad. Además ayuda a la integración de las personas y a dar visibilidad al resto de la sociedad. Este contrato genera nuevas oportunidades de empleo y hace posible su derecho a disponer de un trabajo digno y de calidad, de acuerdo con sus capacidades y expectativas, explicaba.

En el marco de ese proyecto, relataba Salazar, «hemos conseguido la adjudicación de este contrato [que tiene un importe total de 108.900 euros para los próximos tres años y crea cuatro puestos de trabajo] después de que durante el 2017 se formaran 45 personas con discapacidad, principalmente intelectual, en actividades agrícolas y de dinamización medioambiental. Además, 15 personas han logrado el certificado de profesionalidad 'Auxiliar en viveros, jardines y centros de jardinería' y cinco personas han conseguido un puesto de trabajo».

 

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