La Gran Vía, 60 años sin tren

Cruce de Gran Vía con Vara del Rey en 1944. Por el paso a nivel circula una antigua locomotora a vapor. /Foto Palacios
Cruce de Gran Vía con Vara del Rey en 1944. Por el paso a nivel circula una antigua locomotora a vapor. / Foto Palacios

El 9 de noviembre de 1958 dejó de funcionar el trazado que cruzaba la hoy arteria principal de Logroño

EDUARDO GÓMEZ

Ahora que los logroñeses disfrutan de la nueva estación del tren, que siguen pendientes del soterramiento de la vía, que viven esperando la alta velocidad para igualarse a otras capitales y acercarse a ellas. Ahora que, pese a haber pasado ya tiempo, se siguen criticando las tenues luces que hacen que la Gran Vía de Logroño parezca una pista de aterrizaje nocturna. Ahora, que el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, visita La Rioja para tratar sobre infraestructuras que afectan, muchas de ellas a Logroño. Precisamente ahora, precisamente hoy, se cumplen 60 años que la vía del tren dejó de pasar por la Gran Vía.

Recordaba su historia el gran Eduardo Gómez hace ya once años, cuando estaba recién reformada la principal arteria de la capital riojana, tan vinculada al desarrollo del ferrocarril.

Cruce de las calle Vara de Rey con Gran Vía de Juan Carlos I en los principios de los años 70 de Logroño, tras quitar el ferrocarril y el paso a nivel .
Cruce de las calle Vara de Rey con Gran Vía de Juan Carlos I en los principios de los años 70 de Logroño, tras quitar el ferrocarril y el paso a nivel . / la rioja

Contaba en 2007, el cronista logroñés:

«Aquel trazado dejó de funcionar el 9 de noviembre de 1958 para satisfacción de los que cada mañana tenían que cruzarlo para ir a trabajar a las fábricas que había al otro lado de la vía, unos por la pasarela aérea y los atrevidos y ágiles cruzando la valla hecha con traviesas de madera que soportaban los rieles, formando lo que se llamaba la Vuelta del Peine, para llegar puntuales a los talleres de Marrodán y Rezola, López Romero, a la serrería del Ronco, a la fábrica de lanas de Gutiérrez, a la Metalgráfica, a Torrealba y Bezares... Y también para ir a los cines Alhambra y Olympia.

Los domingos que había partido en Las Gaunas, como se atascaba de gente la pasarela, eran muchos impacientes los que cruzaban las vías de la estación para salvar el obstáculo. El trazado tenía el tramo que hoy es Jorge Vigón sobre un terraplén; para cruzarlo, había que ascender unos metros, cruzar con evidente riesgo las vías y bajar. Esto lo sabían muy bien los que iban a trabajar a los talleres de Isidro Jover, Cenzano y los que había en la calle Galicia.

Pasarela metálica sobre la vía del ferrocarril, construida en 1912, en Vara de Rey, y que debido a su mala factura hubo de ser derribada y sustituida por otra de hormigón.
Pasarela metálica sobre la vía del ferrocarril, construida en 1912, en Vara de Rey, y que debido a su mala factura hubo de ser derribada y sustituida por otra de hormigón.

Tres denominaciones

El adiós al ferrocarril y a la estación, cuya vida se inició el día de San Mateo de 1863 en presencia del general Espartero, festejado con gran alborozo y toros ensogados en el Coso, marcó un hito para la ciudad. No tardarían en iniciarse las construcciones de edificios, sin apenas urbanizar la zona. Se recuerda que para ir al pub Robinson se atravesaba un espacio lleno de barro cuando llovía. Cuando se estaba creando la prometedora avenida se dispuso entre los ediles denominarla Gran Vía don Julio Pernas Heredia, a la sazón alcalde de la ciudad, propuesta que no prosperó al rechazarla el propio nominado. Hubo una petición del Círculo Cultural Vázquez de Mella para distinguirla como Gran Vía Gonzalo de Berceo, que fue bien recibida por la ciudadanía y en decisión tomada el 12 de junio de 1967 por el Ayuntamiento se aceptó el nombre, pero sólo para su prolongación. Finalmente, al poco del nombramiento como rey de Juan Carlos I, se decidió bautizar con su nombre la gran avenida, que pronto sería objeto de interés de vecinos y comerciantes, especialmente la zona de los soportales, donde hubo oportunidad de adquirir pisos de más de 100 metros por millón y medio de pesetas.

La urbanización llevó consigo la ocupación de los terrenos que la Renfe tenía en avenida de Portugal, llamados de Pequeña Velocidad, donde descargaban vagones que llegaban con naranjas, aceite que en invierno llegaba helado y había que de deshelarlo con hogueras, vino que se trasegaba desde las cisternas a las barricas de los almacenistas a base de bombas impulsadas a mano. El ajetreo, en un amplio espacio situado frente al edificio de la Alhóndiga, era continuo. El edificio de la centenaria estación dejó espacio para la actual torre central, los terrenos donde estuvo la Cruz Roja a la Torre Blanca y el chalet y talleres de Jover al estilizado edificio de Jorge Vigón. Son nuestros tres rascacielos.

Llega el tren a la estación vieja del ferrocarril, en la actual calle Gran Vía.
Llega el tren a la estación vieja del ferrocarril, en la actual calle Gran Vía. / Foto Palacios

La Gran Vía mantiene un ritmo de inauguraciones y cierres muy frecuentes, posiblemente como consecuencia de la carestía del espacio, tanto en renta como en venta. Se hizo notar el cierre del Robinson, que se consideraba un modelo de taberna inglesa de lo más llamativo del norte de España y de su pariente cercano el grill que dio paso al Alfredo y que ahora es Acordes. Se hizo famosa la sala de fiestas y cafetería Borgia, nacida en 1974 que ardió una noche de marzo de 1977, para mantenerse la amplia cafetería, hasta que también dejó paso a otro negocio. Como ocurrió con el Harro's, creado en 1983, de breve existencia. Se recuerda la espléndida jamonería J.N. de José Mangado, en la esquina con el pasaje que da a Avenida Portugal, en cuyo interior se mantuvo durante muchos años el café El Pasaje con su terraza veraniega que, precisamente, cerró sus puertas el pasado día 1 para renovarse por un nuevo propietario y seguir en el sector. Otro que sólo duró dos años fue el Hut, en el número 69 de la calle. Otro veterano fue el Niro y también estuvo el Mamis Bocata en el número 44. Otro recordado establecimiento fue el Alevi, cafetería veterana que reformó en 1988 y se convirtió en tienda de vídeos. Y entre los más veteranos de la comercial vía se encuentra la cafetería Génesis, abierta por Jesús Belaza el 31 de agosto de 1973.

Mención especial merece la creación del hotel Carlton Rioja , que rompió la monotonía que había en la ciudad en el sector. Su primer banquete lo dio el 1 de septiembre de 1967. Hoy, 40 años después (en 2018 ya son 60, querido Eduardo), es uno de los emblemas de la calle que ha sobrevivido a tantos cambios. Y los que vendrán«.

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