Un 'elemento' con casi 100 años

Alberto Abad, director del Sagasta, sostiene con ayuda la tabla en el salón de actos del IES. /Justo Rodriguez
Alberto Abad, director del Sagasta, sostiene con ayuda la tabla en el salón de actos del IES. / Justo Rodriguez

El Sagasta restaura una tabla periódica de 1,9 por 1,6 metros que data de 1925

Javier Campos
JAVIER CAMPOSLogroño

Quién no recuerda aquella característica y colorida tabla que embelesaba al conjunto del alumnado aún sin llegar a entender su significado? ¿Quién no se ha entretenido en mitad de la lección de Química con sus símbolos y con sus numeritos? Quizás no lo sepa, pero la tabla periódica, esa que en su día llegó a ocupar el reverso de las pastas de las libretas y a protagonizar cientos de 'chuletas', está de celebración.

La tabla en cuestión, aunque las casillas y los colores tal y como se conocen en la actualidad fueron añadiéndose con el tiempo, cumple 150 años y la ONU incluso ha declarado 2019 como el Año Internacional de la Tabla Periódica. «Nada más y nada menos», dice el director del IES Sagasta, Alberto Abad, mientras conversa con el redactor y el fotógrafo de Diario LA RIOJA y posa ufano con otro de los 'tesoros' del instituto riojano por antonomasia.

Las casualidades del destino han querido que la conmemoración de la 'idea' del ruso Dimitri Ivánovich Mendeléiev para agrupar y organizar los elementos químicos conocidos y por conocer haya coincidido con la restauración de la propia tabla del histórico instituto de educación Secundaria. Una tabla, de papel impreso sobre tela, que con unas dimensiones de 1,9 de ancho por 1,6 de alto, dormía el sueño de los justos enrollada y olvidada en los sótanos del viejo Sagasta en un notable estado de deterioro.

El 'mural', de papel impreso sobre tela, apareció enrollado durante la mudanza

«A raíz de la mudanza apareció el rollo, lo abrimos y... ¡sorpresa!», explica Abad. Un 'mural' desplegable diseñado por el alemán de origen estonio Andreas Von Antropoff en 1925, muy popular en la educación de la época precisamente por su esquema nemotécnico de colores. Para más inri, el químico fue quien acuñó el término 'neutronio' -un elemento de ciencia-ficción- para designar una forma de materia formada por neutrones sin protones, los cuales corresponderían con el elemento químico de número atómico cero, el cual incluyó a la cabeza de su nueva versión de la tabla (sólo un año después de la que existe en la capital de La Rioja).

La tabla 'logroñesa' fue publicada en Leipzig en 1925 en inglés, alemán y español, aunque el hecho de que incluya un elemento como el renio, descubierto ese mismo año, lleva a pensar que realmente pudiese ser una versión actualizada al año siguiente, es decir, 1926. Ésta y otras curiosidades que presenta la tabla del Sagasta, que ya cuelga en el salón de actos de las provisionales instalaciones de Luis de Ulloa, serán presentadas por el propio centro en las próximas jornadas de institutos históricos de España que se celebrarán en Mieres (Asturias).

«El elemento 43, por ejemplo, se denomina aquí 'masurium'. Un equipo de científicos alemanes informó de su descubrimiento en 1925, pero los resultados nunca pudieron reproducirse y no fue hasta 1936 cuando se pudo confirmar el hallazgo del tecnecio como se le ha llamado desde entonces».

El IES Pedro Espinosa de Antequera (Málaga) cuenta con una tabla igual, que también ha sido estudiada con las mismas conclusiones. «Al no existir una uniformidad de criterio, muchos de los símbolos de los elementos no coinciden con los actuales» o «está incompleta respecto a las actuales ya que en 1925 no se habían descubierto muchos de ellos» son sólo algunas. Que acabe en el elemento 92, que es el uranio -actualmente existen un total de 118-, sorprende a los actuales alumnos, de la misma manera que ya en 1925 se reservasen los huecos para el 61, el 85 y el 87, hoy el prometio, el astato y el francio.

Respecto a los químicos locales, los hermanos D'Elhuyar, precisar que el wolframio aparece con el símbolo W debido a que se trata de un sistema periódico fabricado en Alemania, ya que en España en 1925 se representaba por Tg al corresponderse con el tungsteno, descubierto por los hermanos logroñeses Fausto Fermín y Juan José en 1783, y no siendo hasta 1967 cuando la RAE admitió la letra W y empezó a llamarse también wolframio en España.