Del desierto al verano riojano

Diji, con otro compañero, sonríen durante el acto. :: j. rodríguez/
Diji, con otro compañero, sonríen durante el acto. :: j. rodríguez

La alcaldesa de logroño dio ayer la bienvenida a los pequeños y a sus familias de acogida y reiteró su compromiso con el Sahara 'Vacaciones en paz' permitirá a 40 niños saharauis veranear en La Rioja

ÁFRICA AZCONA

logroño. La alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, reiteró ayer el compromiso del Ayuntamiento con los refugiados saharauis durante el encuentro institucional celebrado en la Casa Consistorial para dar la bienvenida a los 40 niños del programa 'Vacaciones en Paz', un acto en el que el que el delegado del Sáhara en La Rioja, Abdalahe Hamad Ahmed, quiso agradecer expresamente el esfuerzo por mantener una iniciativa como ésta «en tiempos de crisis».

En el Salón de Plenos, los 40 pequeños, que vienen de soportar temperaturas extremas de entre 50 y 55 grados, siguieron atentamente el acto acompañados de sus familias de acogida durante los próximos dos meses, muchos de ellos padres primerizos como Ana Belén e Iñaki. Este verano cuidarán de Mahmud, un niño de 11 años, algo tímido, que ayer sufría la frustración de no poder hablar español, aunque pronto esto carecerá de importancia. El matrimonio decidió sumar un 'hijo' más a los propios, tres pequeños de 7, 5 y 4 años, al quedarse ella en paro y disponer así de más tiempo. «Era mi ilusión, pero no podía, era autónoma de una empresa de certificados energéticos y me faltaban horas...». Su sueño ya es realidad y, además, como apostillaba el padre, será una experiencia vital «para mis hijos, para que valoren lo que tienen y vean que son unos privilegiados». Por delante les aguardan fiestas, días de piscina y playa en Galicia.

Silvia, otra madre, repite este año con Seif y Dihi, de 13 y 12 años respectivamente, a los que estos días esperaban con impaciencia en Mansilla, donde llevan acudiendo los últimos tres años. A falta de más niños, los dos se han convertido «en la alegría del verano». «Son muy atentos y están muy pendientes de los mayores, les ayudan a hacer la compra, a subir las escaleras...», presumía esta madre en presencia de Dihi, que ha llegado con unas ganas enormes de «ver de nuevo el pantano», tantas casi como de comerse una pizza. «Me gustan mucho», decía en un perfecto castellano. Su madre también fue un día como él una niña de acogida en España, en Burgos. «Me gustaría que viniera y todos viviéramos aquí», decía. El objetivo de todos ellos este verano será mejorar su calidad de vida y es que no hay que olvidar que allí viven en mitad de la nada y sufriendo un conflicto que parece no tener fin. «Algunos viven en la pobreza y con carencias nutritivas», se lamentaba Ana Antón, dispuesta estos días a remediarlo en el caso de su 'niño'.

 

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