CUENTO DE (UNA FRÍA) NAVIDAD

La conmoción todavía dura. Y ahí seguirá porque, aunque no se quiera pensar en ello, es inevitable no parar de darle vueltas. Supongo que es algo humano. E invita a la reflexión. O debería. ¿Qué puede llevar a alguien en un domicilio a encender un saco de carbón vegetal pensando que así podrá calentar su habitación y dormirá sin pasar frío durante la noche? Sucedió la madrugada del pasado viernes, 4 de enero, cuando Logroño se preparaba para la llegada de Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente. De oriente también vinieron en su día las protagonistas de un cuento de (una fría) Navidad que llega pasado de fecha, pero que debe ser contado. Dos hermanas y dos primas de entre 14 y 21 años de origen paquistaní que comparten dormitorio en un humilde piso de un bloque de Madre de Dios, concretamente de la calle Cantabria, donde conviven una decena de familiares, y que resultan afectadas por la inhalación del humo del carbón prendido en un plato para calentarse y combatir el frío del invierno. Un aviso al SOS RIOJA 112 de madrugada de una madre desesperada; toses, mareos y dolores de cabeza síntomas de una clara intoxicación; los servicios de emergencia subiendo por la escalera de un piso sin ascensor; un susto, un gran susto que por suerte se quedó en eso porque todo apuntaba a tragedia. «Lamentablemente, cada vez son más frecuentes los incendios debidos a la llamada 'pobreza energética'», me confesaron fuentes de Bomberos, que solo fueron requeridos para ventilar. Aquí no hubo llama. Ni siquiera estufa como se informó por confusión. Ningún vecino se enteró de lo ocurrido. Un problema que está ahí, en la casa de al lado, pero que sólo nos suena de oídas -y que a veces ni se oye-; que no se ve -o que no queremos verlo-.