La papelera loca de Logroño

La papelera loca de Logroño

José Ignacio Casis Morillas, de la tienda Frusedulce, ‘tunea’ el mobiliario urbano dando vida a una papelera que alegra el paso de los transeúntes

DIEGO MARÍN A.

Si se celebran elecciones en EEUU y Donald Trump se hace popular a base de declaraciones polémicas, él hace un muñeco con su cara. Si es época de comuniones, él hace el muñeco de un niño vestido de marinero. Incluso vende figuras personalizadas. También ha construido a Wally, un Minion, el árbol de Un monstruo viene a verme, a Filemón, a los robots de La Guerra de las Galaxias José Ignacio Casis Morillas, uno de los responsables de la tienda Frusedulce de Logroño, situada en la esquina entre las calles Padre Claret y Duquesa de la Victoria, ya se dio a conocer el año pasado utilizando la globoflexia como reclamo. Todo a base de globos y con mucho humor. Y eso que todo comenzó, de alguna manera, como espantaperros, para evitar que las mascotas orinaran en su esquina. Y es que sus muñecos, mecidos por el viento, funcionan como auténticos espantapájaros.

Ahora ha dado un paso más y ha tuneado la papelera que hay en frente de su tienda de dulces colocándole brazos, piernas y ojos. Las extremidades son globos pero los ojos los ha confeccionado con una impresora 3D y cuenta con párpados y movimiento. Si pasa un niño y utiliza, como se debe, la papelera, esta se vuelve loca de contenta y mueve los ojos. De momento, el movimiento ocular lo activa el propio José Ignacio Casis a distancia, aunque ya está pensando en nuevos avances de ingeniería casera para poder interactuar con los transeúntes y que, incluso, la Papelera loca, como la ha bautizado, pueda hablar.

«Todo empezó con una campaña de publicidad que hicimos en la tienda con globos. Un día vi un juego que consistía en sacar caras a los objetos, vi la papelera y la convertimos con globos en una papelera loca. Gustó muchísimo», recuerda José Ignacio Casis. Con sus conocimientos de robótica ideó el modo de hacer más entretenida todavía la Papelera Loca que, además, para bien o para mal, «es una de las pocas que está siempre llena». «Hemos conseguido que la gente disfrute de la calle, que sea bonito salir», reflexiona José Ignacio Casis. Otra forma de hacer participar a la ciudadanía va a ser bautizar a la criatura. A través de las redes sociales la gente podrá votar entre tres nombres: Casilda, Alamanda y Basilisia. Cualquiera de ellos es nombre propio de papelera.

El próximo avance es la colocación de sensores para que la Papelera Loca pueda funcionar de forma autónoma. Por ejemplo, para que dé las gracias cuando alguien la alimente. «Le gusta a todo el mundo. Los niños disfrutan muchísimo pero creo que se sorprenden más los adultos. Los niños vienen corriendo desde que la ven para darle de comer», cuenta el creador. Hubo un niño que, con una espada de globo que le dieron en la propia tienda después de comprar unas chucherías, empaló a la papelera y gritó entusiasmado: «¡Mira, un tragasables!». Otros, incluso, han entrado a Frusedulce para dar las gracias al responsable «por haberles sacado una sonrisa». Y es que estos pequeños detalles, la verdad, endulzan la a veces tediosa vida cotidiana.