El castor se deja ver por el embarcadero

El castor se deja ver por el embarcadero

Un logroñés descubrió mordeduras del roedor semiacuático en un árbol de la ribera y no dudó en informar de su hallazgo a Diario LA RIOJA

JAVIER CAMPOS

Daniel Cruz, amante de la naturaleza y la fotografía, se encontraba disfrutando de la combinación de sus dos pasiones una tarde de niebla por las riberas del Ebro a su paso por Logroño cuando algo le llamó la atención por la playa fluvial cercana al embarcadero. Se acercó y, cámara en mano, no dudó en obtener el testimonio gráfico que venía a confirmar una noticia que había llegado a sus oídos con anterioridad y que también le había resultado de interés: la presencia de castores en el río, que se habrían remontado hasta Logroño capital.

«Se trataba de unas mordeduras en la base de un árbol parecidas a lo que haría un castor. No había marca de sierras ni hachas, nada de cortes limpios, más bien un roído con los dientes similar a lo que había podido ver en Internet y artículos leídos al respecto», cuenta este joven profesor de Logroño que trabaja en Calahorra.

Las fotografías, que envío esa misma tarde a Diario LA RIOJA, han resultado ser lo que pensaba, lo que imagina y lo que sabía... aunque lo que no sabía es que el hallazgo no era tal, sino que el castor lleva asentado en Logroño al menos desde el pasado 2007, procedente de una suelta ilegal en la cuenca en la primavera del 2003 con 18 ejemplares 'fundadores' procedentes de Alemania.

Declaraciones

El castor europeo habitó en el norte de la Península Ibérica en las cuencas de los ríos Ebro y Duero hasta los siglos IV y VI -según los vestigios existentes- o hasta los siglos XVI y XVII -aunque en citas dudosas, según entiende el propio Gobierno de La Rioja-, y varios siglos después de darse por extinguido volvía, de momento, para quedarse. Además, lo hizo sin invitación. De manera ilegal según denunciaron en su día las tres comunidades que a día de hoy tratan de darles caza en sus aguas: La Rioja, Navarra y Aragón.

Complicado hacer estimaciones

«Su introducción se realizó sin ningún estudio previo de disponibilidad del hábitat, no se tiene constancia de estudios sobre el estado sanitario de los ejemplares liberados ni tampoco se conoce ningún estudio sobre la genética de los mismos. Estos hechos incumplen todas las reglas a seguir indicadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para la liberación de ejemplares en el medio, además de ser un acto ilegal en cualquiera de las comunidades autónomas afectadas», explica el director general de Medio Natural de La Rioja, Miguel Urbiola, con un informe técnico en la mano al respecto.

Urbiola recuerda que, a partir del 2007, el Gobierno de La Rioja junto al de Navarra y Aragón, «y con la conformidad de las autoridades ambientales estatales y comunitarias», emprendió los trabajos necesarios para conocer la distribución y población de la especie, así como los métodos más adecuados de captura en vivo y las acciones de control de sus efectivos a fin de evitar daños en hábitats fluviales de interés comunitario.

Los controles desarrollados desde el 2008 en diversos tramos del Ebro y en algunos de sus afluentes han dado como resultado la captura de un total de 128 ejemplares en La Rioja hasta el pasado 2014: 123 en el Ebro entre Logroño y Alfaro, dos en el Cidacos, dos en el Iregua y uno en el Leza.

Aunque «hacer estimaciones de su población actual es complicado», según Urbiola, el castor está presente de forma dispersa en el tramo riojano del Ebro entre Logroño y Alfaro, en aproximadamente 90 kilómetros. También aparece de forma muy puntual en algunos de sus afluentes -Leza, Cidacos e Iregua-, así como en el tramo superior del Ebro -Rioja Alta-.