Corazón de tiza

Alberto Álvarez, junto a su 'otro yo', el simpático Pizarrín. /
Alberto Álvarez, junto a su 'otro yo', el simpático Pizarrín.

Pizarrín es el álter ego de Alberto Álvarez y la estrella del bar Avenida 55

LUISMI CÁMARA

Santiago Ramón y Cajal afirmaba que «las ideas no duran mucho, hay que hacer algo con ellas». Lo tenía claro el eminente sabio español y Nobel de Medicina en 1906. No parece mal consejo, viniendo de donde viene.

Quizás Alberto Álvarez desconociera la cita y su origen, pero la aplicó a pie juntillas cuando en marzo del 2013 decidió plasmar en tiza a Pizarrín, un tipo ingenioso, simpático e informado que, cada día, salta en varias ocasiones de la cabeza pensante de su creador a la pizarra del Avenida 55, el bar logroñés que dirige junto a su madre. Con más de mil apariciones, el personaje ha tenido «una gran acogida y repercusión» y se ha convertido en reclamo, protagonista y santo y seña del negocio de esta familia dedicada a la hostelería desde hace más de un cuarto de siglo.

«Para tener humor, lo primero que se debe hacer es reírse de uno mismo. Pizarrín soy yo, un tipo cabezón y pequeñito», desvela Alberto, que buscó en su álter ego un medio para ofrecer algo distinto, algo llamativo que diferenciara a su establecimiento y que entretuviera a sus clientes. Desde primera hora, Pizarrín ya está contando un chiste, comentando la noticia del día o analizando lo que pasa por el barrio.

«Mientras hago un café, estoy dándole vueltas a la cabeza hasta que salta la chispa. Entonces, paro un momento y me pongo a dibujar. Que surge una idea mejor, pues vuelvo a borrar y de nuevo a dibujar», explica el camarero, que ha ampliado el número de personajes hasta crear un mundo propio en el que Pizarrín está acompañado por unos amigos que, muchas veces, son el reflejo de los habituales del bar. «Tenemos al 'Padre Clarete', el avatar de un cliente que bebe ese tipo de vino y vive en la calle Padre Claret; a la 'cuadrilla de los chiquiteros'; a un abuelo bajito, con boina y gafas, que se presentó para que se le hiciera un personaje; y hasta a un pastor de San Vicente de Robres», relata.

Eso sí, si en la vida real cuenta con su Pizarrina, todavía no ha dado con el reflejo de tiza adecuado que la contente. «Estamos en ello. Aún no la he encontrado, no hemos llegado a un consenso. Quizás, lo mejor es que se quede soltero para que no nos quedemos solteros los dos», cuenta entre risas.

Pizarrín también vive sus aventuras en las redes sociales. «Hemos llegado ya a 2.000 seguidores en Facebook y también tenemos cuenta en Twitter e Instagram», aclara. « Y seguimos creciendo -añade-, siempre con humor e ideas novedosas».

El secreto de su éxito está en «aplicar cariño como valor añadido», porque «todos tenemos las mismas marcas y la misma forma de hacer el café». «Seguir a un bar es muy aburrido. Con nosotros siguen a Pizarrín, un tipo bromista, que entretiene, que cuenta historias, que celebra el día de La Rioja, San Mateo o Navidad», concluye Alberto.

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