Todo Logroño cabía en Portales

Todo Logroño  cabía en Portales

Las instantáneas, obra del fotógrafo Teo Martínez y recopiladas por la Casa de la Imagen, devuelven el testimonio de la céntrica calle en su época de mayor esplendor

JORGE ALACID

Una mañana, el fotógrafo Teo Martínez recibió en su negocio de la calle San Juan un pedido: cuando abrió el paquete, se topó con la anunciada llegada de un nuevo objetivo, que se dispuso a estrenar con la diligencia habitual. ¿Qué hizo el amigo Teo? Bueno, pues no tuvo una idea mejor que situarse en la vecina calle Portales (que entonces aún se llamaba General Mola) en su acceso por el Palacio de los Chapiteles (todavía sede de Ayuntamiento) e ir retratando cada casa, así a la mano derecha como a la izquierda: todas las casas de la principal calle del Logroño de esa época, en la década de los 70. Es decir, que concluyó su itinerario a la altura del edificio donde sobrevivía la Tabacalera (que hoy alberga la sala Amós Salvador, el Parlamento y la Biblioteca) y volvió sobre sus pasos: regresó por lo tanto a los Chapitales e inmortalizó el edificio situado enfrente. Misión cumplida.

Hoy, sus emocionantes resultados se exhiben en la sala de exposiciones del Ayuntamiento de Logroño, fruto del talento de Teo para la fotografía documental y de la sabiduría y tesón con que Jesús Rocandio va recogiendo para la Casa de la Imagen todo ese valioso material, que archiva y pone a disposición de los logroñeses, reivindicando el trabajo de los Muro, Chapresto, Loyola, Garay, Gil-Díez y compañía. Fotógrafos aficionados y profesionales que con sus obras proponen un viaje a través del tiempo en que todo Logroño cabía en Portales.

¿Por qué Portales? Por la misma razón que empujó a Teo esa mañana a recorrer la calle: porque era el ombligo de Logroño, su corazón y su columna vertebral. Es decir, un organismo en sí mismo: un microcosmos, un pequeño universo indispensable para conocer el conjunto de la ciudad. Las instantáneas se sitúan ahora sobre una mesa que propone el mismo recorrido que protagonizó el autor de las fotos, un río urbano que trepa hasta nuestra memoria y deposita en ella el sedimento de viejos comercios ya olvidados, esquinas para la historia, edificios inolvidables. Imagen tras imagen, visitar la exposición significa caminar tras los pasos de Teo y comprobar si cualquier tiempo pasado fue mejor o simplemente eso: pasado. Sólo pasado. Un pasado que, como concluye la célebre cita, es un país extranjero. Porque vista con los ojos de hoy, la ciudad parece otra. Distinta. Tan distinta que casi pertenece a otra civilización.

(El próximo domingo continuará).