Lo que la peatonalización se llevó

Imagen de la esquina entre las calles Juan XXIII y Doctores Castroviejo./
Imagen de la esquina entre las calles Juan XXIII y Doctores Castroviejo.

Memoria de las Cien Tiendas... antes de ser Cien Tiendas

MARCELINO IZQUIERDO VOZMEDIANO

El 10 de junio de 1994 el entonces alcalde de Logroño, Manuel Sáinz Ochoa, inauguró la primera zona peatonal de Logroño, que pronto fue bautizada como 'Paseo de las Cien Tiendas'. Hace ya dos décadas de aquello. Pero por aquel entonces, el Ayuntamiento capitalino tuvo que bregar a lo largo de meses y meses contra la oposición de ciertos vecinos del barrio, que se cebaron con la ya desaparecida Pilar Salarrullana. Manifestaciones, caceroladas, amenazas, insultos personales. todo valía para descalificar a la concejal impulsora de este proyecto urbanístico, que marcaría tendencia. ¡Cuántos y cuánto se habrán arrepentido de aquella sinrazón!

La paz del adoquín

Porque, en el momento en el que el adoquín y la paz del silencio sustituyeron -por suerte- al asfalto, al ruido de los motores y al humo de los vehículos, las calles Juan XXIII, Doctores Castroviejo, Ciriaco Garrido, Calvo Sotelo y Capitán Cortés comenzaron a lucir en todo su esplendor.

Y ahí continúan.

En la fotografía que hoy llega a esta 'Retina de la Memoria', rescatada del Archivo Jerónimo Jiménez, aparece la perspectiva de la calle Juan XXIII desde el cruce con Doctores Castroviejo. En primer término, un paisano maneja un carro de transporte, mientras en segundo término una furgoneta de reparto y varios turismos ocupan la calzada de manera alegre y desordenada. Había aparcamiento para todos.

Al fondo de la imagen, se adivina el cine Diana y, a la derecha, pueden verse los andamios de las obras en el colegio de Adoratrices, que a finales de los años sesenta y principios de los setenta comenzó a ser ampliado tal y como hoy se conoce.

La vía logroñesa dedicada al Papa Roncalli se había denominado hasta entonces calle de las Adoratrices, cuyo convento y huerto -tapia incluida, que saltábamos los que entonces éramos chavales- fueron derribados en 1968. La demolición hizo posible que Juan XXIII se prolongara hasta Jorge Vigón y que la zona fuera urbanizada.

Colegio desde el año 1883

La llegada de las reverendas Madres Adoratrices a la capital riojana se remonta al 13 de septiembre de 1883, cuando la congregación se instaló en la entonces ampliación del casco urbano de Logroño, con el propósito de atender a las muchachas desvalidas y procurar para ellas el debido sustento y la educación correspondiente. Desde entonces, ya han transcurrido más de 130 años.